Give me five

Publicado el 20/09/2011 a las 22:07
All right, que dicen los yankis cuando se ponen a berrerar, tratando de hacer música que al final bailamos como borregos en cualquier sala de baile, verbena de la paloma o frontón de pueblo en toda fiesta que se precie. Pero vamos, que al caso que viene la expresión de marras, me hace la misma gracia que si me arrancan las tripas y se las dan de comer a los jabalíes. Pobrecicos jabalíes, con la de veneno que uno atesora en su interior...
Vengo calentito, más que el sillón de invitados de cualquier programa del corazón al que acude una invitada y se encuentra con más trampas que en el parque Yellowstone, que dicen que hay mucho oso. Pero bueno, es lo que tienen esos programas de marras, eh, Chuchu? Los ve toda España pero no los comenta nadie. Claro, va a ser que no interesa... que se sepa que los ve la gente. Voy calmándome poco a poco, que se me achucha el corazón, se me calientan los plomos y se me funden las luces. O era al revés? Give me five.
Give me five es la expresión que utilizan los que hablan la lengua de Shakespeare (Chéspir, para que me entiendan) para celebrar algo con lo que ambas partes implicadas en la plática o chanza están de acuerdo. A saber, es el "Choca los cinco, Toñin", de toda la vida. Es decir, "OK MaKey", "Mola mi gramola" o el más local "Oso ondo". Para gustos los colores y de lenguas vamos sobrados. O era de idiomas? Qué te dispersas, Forofus, que te disperas...
El caso es que en esa acción siempre es obligado palmear ambas manos. No uno mismo, no se me líen, que eso sería aplaudir. Si no entre dos personas. Cuando se hace un tanto en tenis, los celebrantes la chocan (give me five). Cuando se mete un triple o una canasta en la final del Eurobasket, los deportistas la chocan (más give me five), cuando se hace una broma, un vacile, una jugarreta a un tercero, los dos graciosillos la chocan (eso... give me five, van pillando?).
Seguro que a estas alturas estarán preguntándose si me he tomado la medicación. Tranquilos, la he tomado. Y sí, me ha hecho efecto. Entonces, a qué diantre viene tanto palabro en anglo? Sencillo. Porque uno salió del viejo Sadar algo mosca por lamanita de Diego Perotti. Manita dentrito del área (se diría areíta?). Claro, penaltito, por si alguien no lo ha sumado. Y ya me pueden venir criticando desde las inmediaciones del Pizjuán, del Bernabéu o del estadio planetario lunar, que una mano dentro del área es un penalti y finitto.
Los argentinos son una raza especial que han sabido dar al fútbol un carácter de raza, de pelea, de juego subterráneo que hace de este deporte algo más vistoso. Pero también es cierto que desde la famosa mano de Dios del Pelusa en México 1986, esa picardía parece que se ha quedado asentada en todas las escuelas peloteras del país de la albiceleste. Y ayer, de Diego (Armando Maradona) a Diego (Perotti), se dio un give me five de los alucinantes.
El de Moreno despejó dentro del área un córner rojillo con el mismo estilo que Pau Gasol o Ibaka ponen un tapón. Echó una mano a la leyenda argentina y el pitolari, del Cerro Grande (que es lo único grande que tiene que tener este señor) se echó las manos a los ojos y dejó a todo el estadio con las mismas en la cabeza y boquiabiertos. Claro, eso antes de que las manos agarraran algo blanco y lo agitaran en la grada, al ritmo que marcaba la canción "Manos arriba, esto es un atraco". Orgía amanuense, oigan.
Y así que nos quedamos todos, con un palmo (de mano) en las narices, sin poder chocarlas o palmearnos la espalda para celebrar lo que hubiese sido el más que merecido triunfo rojillo. Imagino que los sevillistas, tras comerse las pizzas que pidieron al finalizar el encuentro, le habrían echado la mano al hombro a Perotti y le habrían agradecido que les echara una mano para sacar un puntico. Incluso el argentino habría tenido buena mano de cartas en el regreso de viaje a Hispalis, y al despedirse de sus compis, habría agitado la mano al aire diciendo un "Eeeeeteeee, pibe, mañana nos vemos, ok? Ciao, her-mano", antes de darse media vuelta e irse a su casa, que le quedaba cerca. O a mano, que dicen algunos.
Y mientras, en Pamplona, el menda lerenda estiraba su mano, se miraba la palma y se abofeteaba (sin mucha fuerza que no ando para semejantes excesos) lamentando que se nos habían vuelto a escapar vivos otros rivales de nuestro feudo. Bueno, pero a todo hay que sacarle algo positivo, verdad? Por lo menos tengo manos para hacerles pasar un buen rato, escribiendo estas letras,
y si algún día me quedo en el paro, alguien me echará una mano para trabajar, por ejemplo, de mozo de almacén...
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!