Crisis migratoria

Marruecos frena la amenaza hacia Ceuta y aborta los intentos de un nuevo asalto

Despliega esta vez un imponente operativo para frustrar otra avalancha humana, con cargas y al menos 300 detenidos

Una hilera de efectivos marroquíes controlaba este sábado a grupos de inmigrantes subsaharianos para impedirles el paso
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Una hilera de efectivos marroquíes controlaba este sábado a grupos de inmigrantes subsaharianos para impedirles el pasoEFE
Una hilera de efectivos marroquíes controlaba este sábado a grupos de inmigrantes subsaharianos para impedirles el paso

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Agencia Colpisa

Publicado el 16/08/2026 a las 05:00

Cargas de antidisturbios, gases lacrimógenos, helicópteros, drones, detenciones y deportaciones hasta las puertas del Sáhara. Tras quince días de pulso diplomático con España, Marruecos demostró este sábado bien a las claras que, cuando quiere, puede controlar la frontera terrestre y marítima con su país vecino, hasta el punto de ser capaz de impedir que un solo inmigrante se acerque al perímetro de Ceuta.

La ciudad autónoma respiró aliviada este sábado mientras Rabat ahogaba lejos de la frontera la amenaza de una nueva avalancha humana. Los temidos llamamientos en redes sociales para repetir este 15 de agosto el asalto masivo a la frontera del pasado 30 de julio fueron neutralizados con contundencia por las fuerzas militares, policiales y regulares del reino de Mohamed VI, que se emplearon a fondo desde el amanecer hasta bien entrada la tarde para dispersar o detener a "centenares" de subsaharianos. 

Los últimos datos hacían referencia a 248 detenidos originarios de países del África subsahariana y 46 de nacionalidad marroquí. Se contabilizaron además 61 arrestos más por incentivar la inmigración irregular. En la parte española, y a la vista de la tensión al otro lado de la valla, el Ejército tomó la decisión de desplegar una docena de blindados BMR en la playa de El Tarajal, el punto por el que quince días antes habían entrado en territorio ceutí decenas de miles de personas. Al fondo, en el otro extremo del espigón, decenas de antidisturbios marroquíes repartidos en varios anillos de seguridad, vehículos y barreras cerraron el paso a una zona a la que, en cualquier caso, no accedió ni un solo migrante. Y es que la partida no se jugó este sábado en la valla española ni en la orilla ceutí. Se resolvió muchos kilómetros antes, en las estaciones, carreteras, montes, playas y caminos secundarios de Marruecos.

Rabat impidió que sus nacionales llegaran siquiera a concentrarse en Castillejos y neutralizó, en lo que a sus ciudadanos se refiere, el llamamiento difundido en las redes para asaltar El Tarajal por mar y tierra. Un llamamiento que, en cualquier caso, no tuvo mucho eco entre los marroquíes. Pero las fuerzas del país vecino, pertenecientes a seis cuerpos diferentes, tuvieron que emplearse a fondo con los subsaharianos y los menores marroquíes que no hicieron caso a las ordenes de sus autoridades y que se concentraron en las zonas montañosas cercanas a Fnideq, la antigua Castillejos, al suroeste del enclave español. Allí, "centenares" de subsaharianos divididos en varios grupos intentaron desde las seis de la mañana acercarse al perímetro, bien con la intención de forzar un salto en el vallado, bien de forzar de nuevo la entrada por El Tarajal. 

Pero ninguna de estas embestidas tuvo la menor opción ante la contundencia -esta vez sí- de los cerca de 3.000 agentes desplegados por Marruecos. El contraste con el 30-J resultó inevitable. Entonces, decenas de miles de personas -más de 80.000, según las últimas estimaciones, y en su mayoría marroquíes- alcanzaron el espigón sin que los controles del reino alauí hiciera lo más mínimo por contener el alud. Esta vez, esas muchedumbres fueron interceptadas antes de subir a un tren, montar en un autobús o adentrarse en los senderos que conducen hacia Ceuta. Marruecos demostró de nuevo hasta qué punto está en su mano cerrar el camino hacia la frontera. Ni un solo inmigrante llegó este 15-A a El Tarajal, lo que evidencia hasta qué punto puede Rabat controlar los flujos por la frontera.

Las fuerzas marroquíes multiplicaron los filtros en estaciones, carreteras, montes y caminos secundarios desde el jueves Tras días de cal, Rabat decidió este sábado dar la de arena. El régimen de Mohamed VI levantó el pie del acelerador después de dos semanas de presión a cuenta de la mayor avalancha humana afrontada por la ciudad y tras alimentar la crisis bilateral con una guerra diplomática de 'baja intensidad' y características híbridas, con nuevas reclamaciones de soberanía sobre Ceuta y Melilla, amenazas de suspender el convenio de extradición o acusaciones de malos tratos a los inmigrantes asaltantes por parte de las fuerzas de seguridad españolas. La respuesta de Madrid fue el apaciguamiento por boca de varios ministros y excepción hecha de la titular de Defensa, Margarita Robles. 

UN CERROJO

Los elogios a la cooperación marroquí -censurados por desmedidos no solo por la oposición, sino también por socios a la izquierda de Sánchez- tuvieron su respuesta este sábado. Y no solo con la contundencia exhibida con los subsaharianos. El cerrojo marroquí para con sus compatriotas comenzó a operar lejos de Castillejos, la ciudad fronteriza con Ceuta, según señalaron a este periódico diversos responsables de la seguridad del Estado. 

La vigilancia, de acuerdo a estas fuentes, fue "extrema" en las estaciones de autobuses de la capital marroquí, en Rabat-Agdal y Fez, y los controles se extendieron desde el jueves por la tarde en Kenitra, Uezán, Chauen, Larache y Alcazarquivir. No hubo prohibición de viajar a Tánger, principal trayecto interno para alcanzar la frontera, pero el Gobierno aluí intensificó al máximo los filtros de pasajeros. Sí que se impidió a grupos sospechosos embarcar hacia el norte en Casablanca, Fez y Kenitra.

Seguridad Nacional, la Gendarmería Real y las Fuerzas Auxiliares extendieron el dispositivo por Tetuán, Rincón, Belyounech, Fahs-Anjra y Fnideq. En los 80 kilómetros entre Tánger y Castillejos se multiplicaron las inspecciones. Hubo igualmente controles en el acceso a Tetuán, cuatro dentro de la ciudad, dos en M'Diq y tres en Fnideq: entrada, salida y dirección a Belyounech. Los cinturones de seguridad fueron sucesivos. En Martil, los interceptados eran conducidos en autobús a dependencias policiales de Tetuán. Solo llegaban a Bab Sebta, la puerta de Ceuta, viajeros con pasaporte, visado Schengen, residencia o billete. Agentes uniformados y de paisano inspeccionaban el transporte público y los coches este mismo sábado.

El frente marítimo fue sellado con igual intensidad. La playa de Fnideq más próxima a Ceuta quedó parcialmente cerrada y la costa frente a la ciudad española, acordonada. Marruecos reforzó la verja, instaló decenas de metros de malla y clavó pilares de acero entre cinco y diez metros mar adentro para enlazarlos con alambre. Se duplicó el alambre de espino, se instalaron concertinas y las barreras penetraron en el agua. Dos grandes embarcaciones de la Marina Real y patrulleras rápidas cerraron la salida por mar. El Tarajal amaneció con decenas de antidisturbios al otro lado de la frontera, claramente visibles desde territorio español, y sin un solo inmigrante a la vista. España tampoco dejó el 15-A al azar y la presencia de su dispositivo en la frontera fue bien visible con las primera luces, particularmente con legionarios y agentes de la Guardia Civil en el espigón. En el conjunto de Ceuta hubo 880 policías nacionales y 714 guardias civiles -casi 500 agentes más que antes-, con unos 2.000 militares en tareas de apoyo. Esa capacidad rondó así los 3.600 efectivos propio. 

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