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Animales

Así se convirtió Tarzán en el perro más querido de Alicante

Es toda una leyenda en Aspe y parece que tuvo una vida paralela a la de la famosa mascota japonesa Hachiko

Detalle de un perro 'dándole' la pata a su dueño
Detalle de un perro 'dándole' la pata a su dueño
CEDIDA
Actualizada 20/10/2020 a las 10:32

Todos recordamos la historia de Benito, ese perro que visitaba el cementerio para dormir sobre la tumba de su dueña, pero la suya no es la única historia de fidelidad más allá de la muerte.

Tarzán es otro buen ejemplo de amistad entre perros y seres humanos, un can cariñoso y leal que demostró que la fidelidad puede alcanzar límites insospechados.

Este animal es toda una leyenda en Aspe, un pueblo de Alicante, y parece que tuvo una vida paralela a la de la famosa mascota japonesa Hachiko. Así lo compartió el periodista Carlos Torres en Twitter, quien explicó que fue encontrado hace unos 60 años por unos niños en el cauce del río Tarafa.

Este era el "lugar habitual para el sacrificio de camadas en la década de los 60. Todos sus hermanos estaban muertos, él todavía ladraba cerca del agua", escribió el tuitero. Los pequeños no consiguieron que sus padres aceptaran al animal en sus casas, por lo que lo dejaron en un árbol cerca de la iglesia para cuidarlo entre todos.

Tarzán, bautizado así por el protagonista de la última película que habían visto, fue alimentado por ellos durante unos días hasta que se lo quisieron llevar las autoridades por no tener sus vacunas, y tras mucho pelear los niños consiguieron reunir el dinero para pagárselas.

"Desde entonces, Tarzán se convirtió en un personaje habitual de la plaza y de su sitio predilecto para echarse la siesta: la iglesia. Era tan pacífico que fue el único perro al que se le permitió el privilegio de entrar al templo y tumbarse a la bartola entre los bancos", tuiteó.

"No había boda, comunión o bautizo que no contara con la presencia del perrete", informó el periodista. En las fiestas, se colocaba junto al pirotécnico del pueblo y ladraba de alegría al explotar los cohetes. Pero también en las celebraciones tristes estaba ahí: "Cada vez que un vecino del pueblo moría, Tarzán aguardaba en la puerta de la iglesia a que el féretro saliera para acompañar con su solemnidad el resto del entierro".

"Me gusta pensar que, como nunca fue de nadie, decidió agradecérselo a todos", apuntó Carlos Torres. Incluso el tenor Alfredo Kraus, que lo conoció en una de sus visitas a Aspe para actuar, lo conoció, "se quedó maravillado", y en el auditorio del pueblo que lleva su nombre hoy en día Tarzán tiene una estatua. "Mi abuelo me contó que nunca vio tal unanimidad en el amor por un perro callejero".

De hecho, el animal incluso es protagonista de su propio documental, realizado por los alumnos del Taller de Cortos. "No sale Richard Gere, pero ni falta que hace", bromeó el tuitero en referencia a la película de Hachiko protagonizada por el actor estadounidense.

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