SOCIEDAD
Los vecinos echaron a los okupas
Una mujer de 94 años recupera su vivienda ocupada en Portugalete gracias a la presión vecinal sobre los okupas, que pidieron protección a la Ertzaintza para abandonar el inmueble; los invasores vendieron pertenencias de la propietaria en un rastrillo


Actualizado el 19/10/2019 a las 10:44
Una ola de indignación protagonizada por cientos de vecinos, que llegaron a cortar una carretera y protestaron durante más de tres horas, forzó a los okupas que habían tomado hace casi una semana la casa de Victoria de Castro -Vitori- en la localidad vasca de Portugalete, a dejar el inmueble. Los intrusos, dos mujeres adultas y cuatro menores en ese momento, llegaron a pedir protección policial para salir al verse rodeados por la muchedumbre que incluso intentó entrar por la fuerza en la casa.
Concentrados desde el jueves, exigían que la vivienda fuese devuelta a su legítima propietaria, una mujer de 94 años que el pasado sábado, tras pasar varios días junto a unos familiares en Barakaldo, descubrió que no podía entrar en su hogar porque alguien había cambiado la cerradura y se negaba a marchar. Además, la mujer tuvo que sufrir el desvalijamiento de algunas pertenencias que llegaron a ser vendidas en un rastrillo.
La indignación de los vecinos, sin embargo, era cada vez más patente ante la dramática situación de la propietaria, obligada a esperar hasta el próximo 20 de noviembre para que su caso llegara a los tribunales. Lo cierto es que todos se sentían el jueves “vulnerables” por la ocupación ilegal de la vivienda.
Incluso asistió el alcalde Mikel Torres, que durante el día había solicitado sin éxito una autorización del juzgado de guardia de Barakaldo para proceder al desalojo. “Ha sido Vitori, pero le podía haber tocado a cualquiera”, apuntaba Teresa Cerro, una vecina. Este vecindario ya ha registrado otras dos viviendas violentadas.
Estaba previsto que la concentración durase cinco minutos, pero a su término nadie se movió de allí. Con los ánimos cada vez más caldeados, los manifestantes llegaron a abalanzarse sobre la puerta de la casa para intentar entrar, según aseguró uno de los participantes. Sólo la presencia de los agentes impidió que consiguieran su objetivo.
Sobre las 19:45 horas, varios vecinos optaron por hacer otra intentona desde la parte trasera del inmueble. La situación, lejos de calmarse, empeoraba. Fue entonces cuando otro grupo decidió cortar la carretera y decenas de personas siguieron su ejemplo.
La jefatura de la Policía autonómica optó entonces por reforzar sus efectivos y envió a la calle cinco furgones de antidisturbios. Más de una veintena formaron un cordón policial en torno a la fachada de la vivienda ante el temor de que se produjera un linchamiento.
El alcalde Mikel Torres indicó que “ese movimiento ciudadano” se trasladó a otras dos viviendas que estaban ocupadas, donde los ocupantes “abandonaron voluntariamente las casas” y “fueron sacados por la Ertzaintza”.
