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Elecciones Generales 2019

Sánchez descarta el pacto con Cs y Casado y Rivera pugnan por el liderazgo de la derecha

El segundo debate entre los candidatos elevó el voltaje porque los cuatro se lanzaron a rebañar votos en el electorado de su potencial socio

Sánchez no tiene en sus planes pactar con Cs y Casado le avisa de que tenga cuidado con Otegi

Pablo Casado, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Albert Rivera, en el debate de Atresmedia.

Reuters
Actualizada 24/04/2019 a las 07:30
  • Ramón Gorriarán / Colpisa
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El segundo debate entre los candidatos elevó el voltaje porque los cuatro se lanzaron a rebañar votos en el electorado de su potencial socio madrid. En el primer minuto del segundo debate Pedro Sánchez respondió a la pregunta que había soslayado hasta hoy refugiado en el burladero del silencio: "No está en mis planes" pactar con Ciudadanos tras las elecciones del próximo domingo. Pero tampoco recogió el guante que, con insistencia, volvió a lanzarle Pablo Iglesias. Su plan es, si gana las elecciones y supera la investidura, gobernar en solitario con socialistas e independentientes, y después pactar a izquierda y derecha.

La contestación dio la pauta de los derroteros por los que iba a discurrir la segunda confrontación en 24 horas de los candidatos a la Presidencia del Gobierno, en la que no faltaron lo que el PP denomina "efectos especiales" del líder de Ciudadanos. Fue un duelo vivaz, ágil y atropellado, con interrupciones constantes entre los cuatro, con la excepción de un comedido Pablo Iglesias, en el que no faltaron los epítetos gruesos. "Irresponsable, maleducado, impertinente, mentiroso, usted no se entera, trilero, qué morro tiene" fueron algunos de los puñales que volaron de izquierda a derecha por el plató de Atresmedia. Si en TVE el duelo fue áspero, el de la cadena privada fue pura lija.

Sánchez volvió a debatir con la obsesión de no perder y mantener el tono presidecialista; Rivera intentó llevar de nuevo la iniciativa a costa de interrumpir cada dos por tres a sus contrincantes (se enfrentó por eso con todos los candidatos); Casado trató de recomponer la figura tras su alicaído papel de la víspera; e Iglesias se mantuvo en su tono didáctico, discurso constitucional y peticiones de empatía. Hubo propuestas por parte de todos, pero los árboles del rifirrafe taparon el bosque programático. Los choques, no obstante, sacaron a la luz que la sintonía entre Pablo Casado y Albert Rivera se limita al 'antisanchismo'. Hubo química entre ellos contra el candidato socialista y sus "enredos" con los independentistas y 'batasunos', pero cuando saltaron a la palestra las pensiones, los impuestos, el paro, la corrupción, el aborto o la eutanasia saltaron chispas. Rivera mostró en lo social su perfil más centrista, mientras que Casado afeó al potencial socio su inexperiencia en la gestión. "Las primarias de la derecha", ironizó Sánchez.

 

BLOQUES DESDIBUJADOS

Los dos bloques se mantuvieron aunque quedaron más desdibujados que en TVE porque los cuatro se lanzaron a rebañar en los caladeros del otro. Y es que las elecciones están a cuatro días de distancia. Sánchez e Iglesias mostraron complicidad, pero el de Unidas Podemos se erigió en vigilante de las esencias de izquierda que los socialistas olvidan en cuanto pueden. Casado y Rivera mostraron su voluntad de ser socios aunque los requiebros prenupciales hacen presagiar una convivencia tormentosa. Todo ello con Vox, el elefante en la habitación, rondando por allí. Los líderes del PSOE y Unidas Podemos aludían al paquidermo cada vez que veían oportunidad, los de PP y Ciudadanos hacían como que el asunto no iba con ellos, sobre todo Rivera.

A pesar del alto voltaje de la noche, hubo momentos que arrancaron sonrisas, aunque no a los protagonistas. Rivera, con la excusa de que hoy se celebraba Sant Jordi, regaló a Sánchez un libro que "usted no ha leído", su discutida tesis doctoral. El líder socialista estuvo rápido y obsequió al candidato naranja el libro de Santiago Abascal 'España vertebrada' "para que conozca a sus aliados". El líder de Ciudadanos, que repartió su artillería entre Sánchez y Casado, también distendió el ambiente al sacar una larga lista de casos de corrupción de más de un metro de largo porque esas prácticas, dijo, no eran patrimonio exclusivo del PP.

Fue un duelo intenso, rápido, enredado por momentos en el que Rivera demostró ser el polemista más dotado, mientras Sánchez e Iglesias quedaron encorsetados en sus papeles de presidente y pretendiente, mientras Iglesias se vistió de profesor.

 

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