Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa Boletines
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
Cataluña

1-O, el día que el desánimo se instaló en la Moncloa

Iceta telefoneó la mañana del 1-O a Sáenz de Santamaría para trasladarle su desacuerdo con las cargas policiales

Soraya Sáenz de Santamaría presenta su candidatura para presidir el Partido Popular

Soraya Sáenz de Santamaría.

EFE
01/10/2018 a las 06:00
  • Colpisa. Nuria Vega, Madrid
A+ A-

Superado el desconcierto de las primeras horas, en la Moncloa se instaló el desánimo. La jornada del 1 de octubre de 2017 fue una de las más duras para el Gobierno de Mariano Rajoy, que tras semanas insistiendo en que no habría urnas asistió atónito a las imágenes de muchos colegios electorales abiertos y ocupados para hacer posible cualquier tipo de votación. Válida o no. Ese fue, quizás, el gran error de cálculo del anterior Ejecutivo. "Nunca pensaron -analizan ahora fuentes conocedoras de cómo se administró la crisis- que el independentismo fuera a llegar tan lejos. Tampoco que le diera igual si se celebraba un referéndum con garantías o sin ellas". Antes incluso de las ocho de la mañana, el núcleo duro de Rajoy, incluida la entonces vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, se dispuso a seguir el minuto a minuto desde la Moncloa. "Hoy no va a ser fácil", trasladaron desde el Gobierno. Los días previos ya se habían seguido con estupor. 48 horas antes la Generalitat había presentado los contenedores de plástico que iban a ser utilizados como urnas. "Son tuppers", relativizaron en el Ejecutivo. Pero esos recipientes servirían a los secesionistas para escenificar su referéndum.

Ni los esfuerzos de la Guardia Civil por bloquear el sistema informático del censo universal impidieron la mañana del 1-O que muchos catalanes se aproximaran a los colegios con su papeleta. "Es un bochorno electoral", llegaron a protestar desde la Moncloa. Pero si bien el mecanismo carecía de toda fiabilidad, los secesionistas se procuraron la fotografía de ciudadanos votando. Y lo peor para el Ejecutivo estaba aún por llegar. Los vídeos de los agentes policiales intentando frustrar la consulta comenzaron a circular desde primera hora en los medios de comunicación y redes sociales. El independentismo parecía ganar el pulso del relato -dentro y fuera de España- y algunos dirigentes del PP se llevaron las manos a la cabeza por no haber "previsto" que los secesionistas activarían el "discurso más victimista". A media mañana, inquieto por la situación, el primer secretario de los socialistas catalanes telefoneó a la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría.

Según las fuentes consultadas, estaba preocupado por la contundencia de la actuación policial y pedía cautela. Lo hizo también en público. Miquel Iceta descartó que el referéndum, que había sido suspendido por el Tribunal Constitucional, pudiera legitimar decisiones políticas posteriores y, siendo así, exigió el "cese inmediato de los intentos de impedir por la fuerza el simulacro de votación". Antes de mediodía, las cargas cesaron. Quienes participaron en el Gobierno anterior insisten en que tras los movimientos policiales siempre hubo decisiones operativas o técnicas y, en ningún caso, políticas. Pero, en términos de propaganda, sólo la imagen de los enfrentamientos entre agentes y votantes pudo superar a la de los soberanistas acudiendo a las urnas. Y ese fue un elemento de discordia los siguientes días entre el Ejecutivo y los socialistas.

CUENTA ATRÁS PARA EL 155

Sáenz de Santamaría compareció a las dos para pedir a la Generalitat que "pusiera fin" a la "farsa". Rajoy no lo hizo hasta las pasadas las ocho de la tarde. En su entorno había cundido el desaliento. "Estamos muertos", llegó a lamentar un colaborador. Y todos se aferraron a que aquello de lo que habían sido testigos era una pantomima. Antes incluso de que abrieran los colegios electorales, el Gobierno había proclamado: "Se confirma que el Estado de Derecho ha desbaratado el referéndum ilegal". Una vez cerrados los centros de votación, el expresidente refrescó la idea: "El referéndum no ha existido".

Quienes le conocen aseguran que, aunque se extendió la sensación de "derrota", tampoco entonces perdió la calma. Para quienes trabajaron en la Moncloa, sin embargo, aquella fue una de las jornadas más tensas y difíciles de llevar en el Gobierno. Peor incluso, aseguran, que los meses en los que persistía la amenaza de rescate de España. Y, aun así, la noche del 1-O, todavía faltaban 26 días para que el Parlamento catalán proclamara la declaración unilateral de independencia y se activara el procedimiento del 155 para intervenir Cataluña.

Selección DN+

Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

Lo más...
volver arriba

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Contenido exclusivo para suscriptores DN+
Navega sin publicidad por www.diariodenavarra.es
Suscríbete a DN+
Solo 0,27€ al día (Suscripción Anual)
Ya soy DN+
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que necesitas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra