Migrantes de África en Andalucía: "Imagina lo peor y, si eres mujer, multiplícalo"
Las ONG denuncian las violaciones de derechos humanos que sufren


Actualizado el 20/08/2018 a las 07:29
Detrás de cada rostro de los migrantes del Africa subsahariana que intentan arribar a las costas españolas en patera o que tratan de saltar las vallas de Ceuta y Melilla hay una historia de penurias que se desarrolla a lo largo de un viaje de más de 3.000 kilómetros.
"Es lo peor que te puedas imaginar y, si eres mujer, multiplícalo por cinco", afirma Carlos Arce, el coordinador de migraciones de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA). Arce describe una travesía dantesca. Según denuncia, "es un rosario de violaciones de los derechos humanos por parte de todos los actores, públicos y privados. Se atenta contra la integridad física, sexual y de propiedades". La pregunta de por qué estas personas se juegan la vida para alcanzar Europa la responde Ramiro Muñiz, portavoz de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). "Tienen que elegir entre el ataúd o la maleta", resume. Las condiciones en los países de origen lo atestiguan. Guerras, corrupción, miseria, dictaduras...
Las mafias, los bandidos o las fuerzas de seguridad corruptas suponen un enorme peligro, pero no son el único. También está la naturaleza, que, para empezar, somete a los migrantes a la prueba de fuego del Sáhara. En 2017, Naciones Unidas rescató a 5.000 personas perdidas entre las arenas del desierto. La cuestión que surge es cuántas no fueron encontradas y murieron de sed. "Hay poca vigilancia en el Mediterráneo y menos aún en el Sáhara. Tememos que sea un cementerio", lamenta Muñiz. El hecho de que Argelia haya sellado sus fronteras ha obligado a variar la ruta, que ahora pasa inevitablemente por el desierto.
La situación no mejora con la llegada a Marruecos, donde, según Arce, en muchos casos, los migrantes reciben un trato brutal. Lo sufren mientras aguardan una oportunidad. Las últimas barreras son las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla o las aguas del Estrecho. Las cuchillas o el temor a morir ahogados no frenan tampoco a unas personas que para entonces llevan tras de sí miles de kilómetros a sus espaldas.
Las ONG coinciden en que la solución pasa por abrir vías seguras. Esto supone ordenar la migración desde los países de origen, donde las personas puedan obtener el permiso de viaje desde los consulados europeos. Este sistema no solo pondría fin a los abusos y las muertes, se sostiene desde las ONG. También asestaría un golpe mortal a las mafias que trafican con personas. El modelo canadiense Una de las posibles soluciones que se ha puesto sobre la mesa es el modelo canadiense, en el que se prima la migración ordenada desde los países de origen y se castiga con dureza las llegadas ilegales. Lo defiende, por ejemplo, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. También CEAR, aunque en su caso se advierte de que existen "luces y sombras" en el sistema del país norteamericano. Y hay que quedarse con las luces, sostienen desde la ONG. El Gobierno de Canadá hace cada año una previsión de los inmigrantes que puede acoger, cuyo número suele moverse en torno a los 300.000. La cifra, no obstante, se calcula teniendo en cuenta parámetros como el desempleo, la demografía o la marcha de la economía. Después, se ofrecen las plazas en los países de origen. De esta forma, se evita el tráfico de personas por parte de las mafias a la vez que se brinda una ruta segura a los migrantes, que una vez en suelo canadiense reciben todas las facilidades para la integración.