Renovación en el PP
Del PP de granito al PP de arena
Rajoy deja tras de sí un partido que necesita recuperar su poder territorial y su discurso


Actualizado el 10/06/2018 a las 06:00
No eran buenos tiempos para el PP cuando en 2003 José María Aznar puso su dedo en quien le sucedería en el cuartel general de Génova. Mariano Rajoy estaba a punto de recibir una organización tocada por el respaldo a la guerra de Irak, la gestión del desastre del Prestige y, más tarde, noqueada por la derrota electoral tras los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. No era precisamente una herencia fácil de gestionar. Pero los populares conformaban entonces, pese a las circunstancias adversas, un partido cohesionado y con grandes liderazgos territoriales. Quince años después, aquel bloque monolítico acusa una profunda erosión. "Se encontró una roca de granito -lamenta un veterano- y deja arena".
En términos territoriales, en 2003, el partido conservaba todavía sus grandes feudos. Ese año los conservadores lograron gobernar, y por mayoría absoluta, en la Comunidad de Madrid, en la Comunidad Valenciana, Castilla y León, Murcia, La Rioja y Baleares. Manuel Fraga seguía, además, al frente de la Xunta en Galicia. Y dirigentes como Esperanza Aguirre, Francisco Camps, Juan Vicente Herrera -el único que continúa-, Ramón Luis Valcárcel, Pedro Sanz y Jaume Matas gestionaban las baronías del PP.
Esta era la fotografía cuando en octubre de 2004, Rajoy fue elegido presidente en el XV Congreso Nacional del partido. Aún le quedaban dos legislaturas de oposición y un proceso de "desaznarización" para recuperar la Moncloa y lograr que 2011 -en plena caída del PSOE por la crisis económica- fuera el año del PP, el de la mayoría más rotunda de su historia y extenderse a comunidades como Extremadura, Aragón, Castilla-La Mancha y Cantabria.
No fueron tiempos sencillos a nivel interno. 2008 supuso un punto de inflexión. Perdidas las generales con Rajoy como cabeza de cartel por segunda vez consecutiva frente a José Luis Rodríguez Zapatero, su liderazgo se puso en cuestión. Esperanza Aguirre amagó con disputarle el cargo, pero incluso entonces el político gallego aguantó el tirón y en el cónclave celebrado aquel año logró el 84,24% de los votos, se rodeó de María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría y se emancipó de la carga del proyecto de Aznar, que le negó el saludo en público. "Ahí -señala un representante popular- empezó el 'marianismo'".
LO DIFUSO
¿Pero qué es el 'marianismo'? Las fuentes consultadas coinciden en que el PP de Rajoy se ha caracterizado por su "tendencia a la desideologización". Todo lo contrario, apuntan, de lo que ocurría con su antecesor. A juicio de un antiguo dirigente de la formación, el problema está en el programa político, al que le falta definición. "Se han difuminado tanto las líneas que las señas de identidad se han perdido", explica. Es una percepción extendida. El argumentario de que lo más importante es la creación de empleo y el crecimiento económico, está más que trillado. Pero al margen de eso, los populares echan en falta un marco claro en el que moverse. "Si tuviera que decir exactamente qué pensamos, por ejemplo, sobre los toros, no sabría muy bien qué contestar", apuntan otras voces.
Cuando en 2011 Rajoy formó Gobierno, muchos advirtieron del carácter tecnocrático del Consejo de Ministros. Los primeros tiempos de gestión de la crisis económica, apenas dejaron espacio para mucho más. Pero incluso entonces en las organizaciones territoriales, que temían la desconexión con el electorado por los casos de corrupción y por los recortes, criticaron la poca importancia que se le concedía en el Ejecutivo a las habilidades comunicativas y políticas.
"Nos ha faltado un poco de piel", decía meses antes de las elecciones autonómicas de 2015 el entonces vicesecretario de Organización del PP, Carlos Floriano, en un vídeo promocional del partido. Pero nada frenó el retroceso en las urnas. En aquellos comicios se fueron los gobiernos de la Comunidad Valenciana -todo un símbolo de poderío en el pasado-, Aragón, Cantabria, Castilla-La Mancha y Extremadura y ayuntamientos tan relevantes como el madrileño. Mientras, en la Comunidad de Madrid, Murcia, Castilla y León y La Rioja, los populares pudieron gobernar con la aquiescencia de Ciudadanos.
El batacazo abrió un tiempo de reflexión y Juan Vicente Herrera recomendó a Rajoy pensarlo bien antes de presentarse como candidato a las generales de diciembre de ese año. "Yo le diría: presidente, mírate al espejo y respóndete a ti mismo. Y Mariano Rajoy, que es, por encima de todo, una espléndida persona, si considera que es el candidato, tiene todas la razones y legitimidades para serlo". Así fue. El líder del PP optó a la reelección, pero conservar la Moncloa le llevaría diez meses y la repetición de los comicios ante la incapacidad del Congreso de sacar adelante una investidura. Tampoco entonces titubeó. No hubo renovación ni cambio de cabeza de cartel para las segundas elecciones generales, las del 26 de junio de 2016, pese a que, en privado, en el partido algunos creyeron que era el momento de promover un nuevo candidato. Se habló incluso de Soraya Sáenz de Santamaría. Pero Rajoy ganó y gobernó. Hasta la moción de censura del pasado 1 de junio.
Que haya resistido tanto al frente del partido se debe, sin duda, a una cuestión de carácter. Pero en el PP interpretan que también a que ha "explotado la verticalidad" de la formación centralizando en sus manos todo el control. "Aznar ejercía más liderazgo que poder -resumen fuentes populares-. Rajoy, más poder que liderazgo".
"Se abre una oportunidad, ha sido una agonía", confesaba un dirigente territorial tras la dimisión del presidente en el Comité Ejecutivo del martes. No tanto por su jefe de filas, al que rindieron homenaje en la sede nacional y reconocieron la gestión de la crisis económica, sino porque la continuidad de Rajoy ha impedido que el PP renueve su proyecto, rompa con el pasado de escándalos e intente liberarse de esa carga que le impide avanzar. Ahora fuentes populares aspiran a un proceso de relevo rápido que les permita reaccionar y orillar a Ciudadanos en el centroderecha porque creen que, a día de hoy, la formación adolece de "debilidad en sus organizaciones territoriales y de un discurso difuso". En otras palabras, de arena.