Mas deja la política superado por la deriva de Puigdemont y por el 'caso Palau'

El expresidente se aparta afirmando que hacen falta nuevos liderazgos y avisando que el país está por encima del interés personal

El expresidente de la Generalitat y presidente del PDeCAT, Artur Mas, a su llegada a la sede del partido donde ha convocado una rueda de prensa.
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El expresidente de la Generalitat y presidente del PDeCAT, Artur Mas, a su llegada a la sede del partido donde ha convocado una rueda de prensa.EFE
El expresidente de la Generalitat y presidente del PDeCAT, Artur Mas, a su llegada a la sede del partido donde ha convocado una rueda de prensa.

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COLPISA. Barcelona

Actualizado el 10/01/2018 a las 08:02

Terremoto en el independentismo. Artur Mas anunció este martes su dimisión como presidente del PDeCAT, el partido que tomó el relevo de Convergència en julio de 2016. "Vuelvo dar un paso al lado", afirmó el dirigente nacionalista, que hace dos años ya renunció a la presidencia de la Generalitat para permitir la investidura de Carles Puigdemont.


Mas dice que no abandona la política -"el futuro dirá", matizó- pero se aparta de la primera línea y deja su puesto a Neus Munté, hasta ahora copresidenta del partido. Se va por dos razones, según argumentó en su despedida, en la que estuvo arropado por la plana mayor de la formación.


Por un lado, cree que su marcha ayudará a reforzar el proyecto del PDeCAT y Junts per Catalunya, que considera que obtuvo un muy buen resultado en las pasadas elecciones autonómicas. Para ampliar la base secesionista, "afianzar y expandir" el proyecto, dijo. A su juicio, la victoria independentista en las pasadas elecciones del 21-D concede una "oportunidad de oro" para que los neoconvergentes puedan ampliar su base de una forma más acelerada y consolidarse como la fuerza de referencia en el independentismo. Haber frenado a Esquerra es un triunfo, según entienden en el centroderecha soberanista. Y a su parecer este crecimiento lo deben pilotar caras nuevas. "Hacen falta nuevos liderazgos", aseguró con segundas.


La otra razón que esgrimió ya es de tipo personal. Mas debe afrontar en los próximos tiempos tres procesos judiciales: el del 9-N, cuya resolución aún está pendiente del recurso al Supremo, el del Tribunal de Cuentas, por el que el expresidente de la Generalitat corre el riesgo de perder su patrimonio, y por la causa del 1-O, en la que Mas también está imputado, tras el último auto del Supremo.


Heredero político de Jordi Pujol, al que sucedió al frente de Convergència, el líder nacionalista se marcha no contento, pero sí aliviado. "La decisión es firme e irrevocable", aseguró. Y señala que hace "honor" a los principios que han guiado su acción política, como son, según enumeró, "el país, el partido y la persona". Por ese orden, en un claro mensaje a Carles Puigdemont, quien se niega a renunciar a la investidura, con el riesgo de provocar nuevas elecciones.


La dimisión de Mas, que sumada ayer a la de Carles Mundó, dejó la sensación de fin de ciclo en el independentismo y supone la última derrota del expresidente de la Generalitat en relación a su pugna con Puigdemont, si bien insistió en que no existe tal pugna, ni entre él y el expresidente ni entre el PDeCAT y Junts per Catalunya.


Pero en la última ejecutiva del PDeCAT, celebrada el lunes pasado, Mas trasladó a los neoconvergentes su apuesta por una legislatura larga y descartó la convocatoria de elecciones. El expresidente habló el lunes en términos de "generosidad", un dardo hacia su sucesor, que se resiste a apartarse a pesar de las dificultades de su investidura por su huida a Bruselas y su negativa a regresar a España porque sería detenido. Puigdemont prefiere elecciones antes que elegir un candidato alternativo y ahí es donde choca con Mas, que en 2016, cuando la CUP insistía en la negativa a investirle, decidió renunciar para evitar el adelanto electoral. Cuando hoy dijo que es el "momento de dejar espacio libre para poner personas nuevas al frente, de cara al futuro" sonó a llamada de atención al dirigente huido en Bruselas, aunque insistió en que no había que interpretarlo así y que nunca en dos años de presidencia de Puigdemont se ha atrevido a hacer la más mínima insinuación de discrepancia en público.


Otra cosa bien distinta es en privado, y ahí sí han chocado ambos líderes. Mas no ha conseguido frenar a su sucesor, a pesar de que fue uno de los más firmes defensores del adelanto electoral en el célere 26 de octubre, el día antes de la proclamación de la república. El expresidente de la Generalitat pensó que podría dirigir a Puigdemont desde la sombra, pero el discípulo ha acabado por enterrar al maestro.


Sentencia para el lunes Mas negó también que su dimisión tenga que ver con el caso Palau, cuya sentencia se dará a conocer el lunes que viene. "No estamos ante una dimisión preventiva", advirtió. Y adujo que si fuera así, la dimisión, que dijo que la tenía decidida desde el verano, no la habría tomado una semana antes de la sentencia. Además, razonó que Convergència ya pagó el precio más alto que se puede pagar como fue su desaparición y en lo personal recalcó que en la causa judicial no fue llamado ni como testigo. Pero a nadie escapa que Mas, con su cese, protege a la formación nacionalista del posible desgaste que podría conllevar una sentencia condenatoria. El fallo judicial debe probar si CDC ingresó 6,6 millones procedentes de Ferrovial a través del Palau de la Música de Barcelona. El extesorero de la formación se enfrenta a ocho años de prisión y CDC podría ser condenada como responsable civil. El exmandatario autonómico habló también del legado que deja para historia. Quien impulsó el proceso soberanista, celebró el 9-N (por el que fue condenado) y el que consumó el giro al independentismo del nacionalismo catalán, se enorgullece, en cambio, por los triunfos electorales y haber ganado cinco comicios consecutivos, aunque solo pudo gobernar dos legislaturas.

 

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