Acuerdo de paz
Irán y EE UU ponen a prueba los límites del alto el fuego en Ormuz
Los ataques se repiten en la región: el régimen dispara a un petrolero, Washington bombardea el país persa y Teherán responde en el Golfo


Publicado el 29/06/2026 a las 07:43
Ormuz vivió este domingo la cuarta jornada consecutiva de hostilidades tras la firma del memorando de entendimiento con un nuevo intercambio de ataques entre Estados Unidos e Irán. Y volvió a repetirse el esquema de jornadas anteriores: Irán atacó a un petrolero que trató de cruzar sin su permiso, los estadounidenses bombardearon el sur de la república islámica en señal de represalia y Teherán respondió con drones y misiles que esta vez golpearon Baréin y Kuwait, países que albergan instalaciones estadounidenses. Según los Guardianes de la Revolución, las fuerzas persas destruyeron “ocho infraestructuras importantes del Ejército estadounidense en la base Ali al Salem de Kuwait, y la base de la Quinta Flota Naval en el Puerto Salmán de Baréin”.
Unos y otros se acusan mutuamente de violar el alto el fuego y todos endurecieron el discurso. La Guardia Revolucionaria dijo en un comunicado que las bases militares estadounidenses en el Golfo “vivirán el infierno” en los próximos días si persisten en sus bombardeos contra la república islámica. Y Donald Trump respondió en su red social, Truth: “Puede llegar un momento en el que ya no podamos ser razonables y nos veamos obligados a completar militarmente el trabajo que iniciamos con mucho éxito. Si eso ocurre, la República Islámica de Irán dejará de existir”.
Las amenazas de Trump no han tenido hasta ahora poder disuasorio sobre unos iraníes que saben que Ormuz es su carta principal de presión en el proceso negociador abierto. Y en medio del cruce de fuego y de amenazas, el tráfico por el estrecho permanece parcialmente detenido. La Organización Marítima Internacional, organismo vinculado a la ONU, suspendió el jueves su plan para evacuar los barcos atrapados en el estrecho después del ataque contra el Ever Lovely.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, visitó Irak y allí adelantó que el estrecho “seguirá bajo la total supervisión y gestión de Irán durante los próximos 30 días, y después de que se eliminen todos los obstáculos, se restaurará toda la capacidad de la vía marítima”. Además, Irán advirtió de que cualquier buque que intente desviarse de la ruta demarcada por su país en el estrecho de Ormuz “aumentará las tensiones” en Oriente Medio. Araghchi incidió en esa idea diciendo que “cualquier nuevo acontecimiento agravará la situación y también retrasará la apertura del estrecho”. “Además, elevará los niveles de escalada”, advirtió.
El problema de fondo al que se enfrenta el principio de acuerdo es que Teherán y Washington se sienten ganadores e intentan imponer sus normas sobre un texto que permite interpretaciones. El artículo 5 establece que Irán “hará arreglos, utilizando sus mejores esfuerzos, para el paso seguro de buques comerciales” por la vía marítima durante 60 días. También señala que Irán y Omán, junto con otros países del Golfo, debatirán la futura administración del estrecho. Esto significa, según Teherán, que ellos marcan las normas de tránsito y que nadie pasa sin el visto bueno de la Guardia Revolucionaria. Los países vecinos volvieron a condenar los ataques iraníes y comprobaron una jornada más la incapacidad estadounidense para garantizar su seguridad.
COMBATES EN LÍBANO
Mientras se calienta el frente de Ormuz, los israelíes anunciaron la pérdida de un nuevo soldado en combates con Hizbulá. Con esta muerte ya son 38 soldados y un contratista civil los caídos desde que estalló esta nueva guerra a comienzos de marzo, cuando la milicia chií entró en combate tras el asesinato del líder supremo iraní Alí Jamenei. Pese a la reciente firma del acuerdo con el Gobierno libanés, el ministro de Defensa, Israel Katz, ordenó a las tropas “prepararse para una estancia prolongada” en el sur de Líbano. Nadie habla de retirada en el Estado judío.
El acuerdo recoge un “proceso secuenciado” de repliegue israelí, tras el cual el Ejército del país vecino restaurará una “autoridad soberana efectiva sobre todo el territorio libanés, pendiente del desarme verificado de grupos armados no estatales”, en clara referencia a Hizbulá. El problema es que la milicia chií rechaza hablar de desarme mientras los israelíes ocupen Líbano y los hebreos han dejado claro que van a quedarse en lo que llaman ‘zona de seguridad’ a lo largo de la frontera.
El diputado del Partido de Dios, Hassan Fadlallah, advirtió del riesgo de un “conflicto interno” en Líbano tras el acuerdo del Gobierno con Israel. El dirigente chií habló un día después de que el presidente Joseph Aoun dijera a Trump en una llamada que el Estado libanés “asumirá sus responsabilidades” en la implementación del acuerdo marco.
Aoun sabe que sus fuerzas armadas no tienen la capacidad de cumplir el acuerdo y desarmar a Hizbulá. Los israelíes también lo saben, pero el ministro de Exteriores, Gideon Saar, insistió en que la milicia proiraní debe ser desarmada para que puedan alcanzarse “la paz y la seguridad” en Líbano, donde Israel ha matado a más de 4.000 personas desde comienzos de marzo.