Guerra en Oriente Próximo
La frágil tregua no silencia los ataques en el Golfo
Los guardianes de la revolución advierten que seguirán "con el dedo en el gatillo" porque no tienen confianza en las promesas de EE UU


Publicado el 09/04/2026 a las 05:00
El alto el fuego pactado por Irán y Estados Unidos silenció los bombardeos a gran escala contra los iraníes y el lanzamiento de misiles contra Israel, pero las armas no callaron durante una primera jornada marcada por el baño de sangre provocado por los hebreos en Líbano. A las pocas horas del anuncio de Donald Trump sobre el cese de hostilidades y la confirmación del ministro persa de Exteriores, Abbas Aragchi, la compañía nacional de petróleo de Irán denunció un ataque contra refinería situada en la isla de Lavan. La Guardia Revolucionaria advirtió que no tiene "ninguna confianza" en las promesas de Washington, dijo que su "dedo está en el gatillo" y se produjeron ataques en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Kuwait. A la espera del comienzo del diálogo en Islamabad, todas las miradas se dirigieron al estrecho de Ormuz, por donde volvieron a salir sólo barcos de países no enemigos y con el permiso previo de Teherán.
El régimen clamó victoria tras anunciar la tregua de dos semanas y las calles de la capital se llenaron de iraníes que gritaron "muerte a Estados Unidos, muerte a Israel". Tras 40 días de duros bombardeos, la nación persa resistió las amenazas de un Trump que aceptó la propuesta de diez puntos presentada por la República Islámica como una "base viable sobre la que negociar" un final duradero de la guerra, después de haber exigido durante semanas la "rendición incondicional" del enemigo. Los responsables persas reaccionaron con triunfalismo, y Mohammad Reza Aref, primer vicepresidente, afirmó en redes sociales que "la era de Irán" había comenzado. Cuando pase la euforia, la población verá cómo arranca una era con fábricas, centrales eléctricas, redes ferroviarias, universidades, escuelas, hospitales, aeropuertos y puentes destrozados y la relación comercial con los vecinos del Golfo rota.
PROPUESTAS ALEJADAS
El Consejo Supremo de Seguridad Nacional dejó entrever en un comunicado que el alto el fuego podría extenderse más allá de las dos semanas iniciales si las negociaciones avanzan favorablemente. Este organismo consideró que Estados Unidos ha sufrido una "derrota histórica y aplastante" y "no ve otra salida que someterse a la voluntad de la gran nación iraní y del honorable Eje de la Resistencia", en referencia a las milicias chiíes de Irak, los hutíes de Yemen y a Hezbolá en Líbano.
La propuesta de diez puntos de Teherán incluye las garantías de no recibir nuevas agresiones, mantener el control sobre Ormuz, aceptar el enriquecimiento de uranio, eliminar las sanciones, el pago de compensaciones por los daños sufridos, la retirada de tropas estadounidenses de la región y el final de la guerra en todos los frentes, incluido Líbano. Una "base viable de negociación", según Trump, radicalmente opuesta a la hoja de ruta con quince medidas presentada por EE UU.
Las diferencias entre las partes siguen siendo significativas y es poco probable que Irán ceda en su programa de misiles, que ha sido clave en su defensa, ni en su derecho a enriquecer uranio. Tampoco parece que Teherán esté dispuesto a cortar las relaciones con sus grupos aliados en Oriente Medio y que le han apoyado durante los combates. Dejando a un lado el cambio de régimen, estas eran las tres grandes condiciones que tenía Israel al comienzo de la guerra y están en las antípodas del texto aceptado por Washington como punto de partida. Tampoco se pueden olvidar los 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60% que tienen los persas y que volverán a ser importantes en las negociaciones. Los sectores más radicales de Irán piden un cambio en la naturaleza del programa atómico para poder desarrollar la bomba y usarla como arma disuasoria.
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UN ESCENARIO COMPLEJO
La prioridad para Trump es la reapertura de Ormuz, pero las conversaciones no serán nada sencillas, sobre todo teniendo en cuenta que EE UU ha traicionado a Irán en los dos últimos procesos de diálogo. El equipo estadounidense incluye esta vez al vicepresidente JD Vance y por parte del régimen iraní la responsabilidad recaerá en las manos del jefe de la diplomacia, Aragchi, y del presidente del Parlamento, Mohamed Ghalibaf. El embajador persa ante la ONU en Ginebra, Ali Bahreini, adelantó que "no confiamos en la otra parte. Nuestras fuerzas militares mantienen su preparación. Pero iremos a negociar para ver la seriedad del proceso". Teherán planea un régimen de peaje para Ormuz que le permita tener la última palabra sobre el tránsito por el estrecho. Estudian exigir a las compañías navieras el pago de un tarifa en criptomonedas para los petroleros. Pero ese impuesto choca con la legislación marítima y la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar, que prohíbe interferir en el paso de barcos en esta vía estratégica.