EE UU
Trump: "Irán puede ser destruido en una noche y podría ser hoy"
El presidente reunió a su plana mayor para sacar pecho del rescate de un piloto y asegurar que la República Islámica está militarmente deshecha


Publicado el 07/04/2026 a las 07:51
Donald Trump colocó este lunes la guerra con Irán en una cuenta atrás de máxima tensión en una comparecencia en la Casa Blanca en la que habló ya no como un presidente que intenta forzar una negociación, sino como un comandante en jefe que dicta las condiciones de una rendición. No dejó resquicio para la ambigüedad. Ni en el reloj ni en el castigo. Teherán, dijo, tiene hasta hoy al anochecer para aceptar las exigencias de Washington. Si no lo hace, la amenaza es de devastación abierta, y no sólo en lo militar: puentes volados, centrales eléctricas arrasadas y una oleada de bombardeos aún más dura.
Trump compareció para convertir el rescate de los dos aviadores abatidos en Irán en una demostración de fuerza nacional. A su lado, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine. El presidente usó ese éxito táctico para lanzar una advertencia más amplia: EE UU cree que ha quebrado ya del todo la capacidad de resistencia militar persa y que ha llegado el momento de imponer sus términos.
El principal es la reapertura del estrecho de Ormuz, la arteria por la que pasa una parte decisiva del petróleo, un 20%, y del gas que consume el mundo. El líder republicano dejó claro que cualquier pacto aceptable debe incluir “la libre circulación del petróleo y de todo lo demás”. No lo planteó como una cláusula secundaria, sino como el centro de este pulso. Y dio a entender que ese punto pesa ya tanto como la cuestión nuclear.
Lo más duro llegó cuando explicó qué hará si Teherán no cede. Trump dijo que Estados Unidos está en condiciones de “diezmar todos los puentes de Irán” y de dejar todas las plantas eléctricas “fuera de servicio, ardiendo, explotando y sin volver a usarse jamás”. Incluso añadió que esa demolición podría ejecutarse “en cuatro horas”. En otro momento resumió la idea con una frase todavía más brutal: EE UU está dispuesto a devolver a la República Islámica “a la Edad de Piedra”.
No se quedó ahí. Trump aseguró que aún no ha atacado al petróleo iraní, aunque lo considera “el objetivo más fácil de todos”. Y explicó por qué se lo reserva: destruir esa base dejaría al país sin ninguna posibilidad de supervivencia económica o reconstrucción. Era una forma de elevar un peldaño más el ultimátum final. Vino a decir que, si ha contenido ese golpe hasta ahora, no es por falta de medios, sino porque aún concede a Irán una oportunidad de evitarlo.
La comparecencia sirvió también para reforzar la idea de que la Casa Blanca cree tener ya la sartén por el mango, a pesar de que las encuestas destacan la impopularidad del conflicto en Estados Unidos. Trump presentó a Irán como un país militarmente deshecho. A partir de ahí, solo le queda aceptar las condiciones de Washington o exponerse a una destrucción todavía mayor.
UN RELATO ÉPICO
Aun así, la Casa Blanca sigue hablando con Teherán por canales indirectos, mediados por Pakistán, pero lo hace con un reloj encima de la mesa y con el lenguaje de quien no ofrece una negociación entre iguales, sino una salida bajo presión a los ayatolás. En realidad, Trump no ha dejado de mover sus plazos. Ya ha dado varias fechas límite para la reapertura de Ormuz y luego las ha ampliado. Eso erosiona parte del efecto de sus amenazas. Pero el tono de esta comparecencia en una sala de prensa abarrotada fue distinto. Más preciso. Más crudo. Más propio de un ultimátum final que de una advertencia retórica.
Si la guerra estuviera tan cerrada como afirma la Casa Blanca, no habría sido necesario jugarse tanto para recuperar a dos tripulantes tras ser abatidos en territorio enemigo. Trump trató de cerrar esa grieta con épica, con elogios al Ejército y con una escenificación de poder presidencial. Pero el hecho de fondo sigue siendo que Irán aún conserva capacidad para golpear y para complicar el relato triunfal del republicano en Washington.
El presidente mezcló además esta crisis con otra de sus prioridades: el petróleo. Volvió a citar Venezuela como modelo de operación rápida y rentable, y rescató una vieja idea, casi de otro siglo: “Al vencedor le pertenece el botín”. Esa forma de expresarse no es casual. Resume bien cómo ve Trump esta guerra. No como una campaña limitada para neutralizar una amenaza concreta, sino como una demostración de fuerza con consecuencias estratégicas, energéticas y políticas para toda la región.