Elecciones
El socialista Seguro barre al ultra Ventura y se convierte en presidente de Portugal
La extrema derecha lusa logra su mejor resultado en las urnas desde su creación en 2019 pese al cordón sanitario, sin apenas fisuras, del resto de formaciones


Publicado el 09/02/2026 a las 05:00
Portugal resolvió este domingo las elecciones presidenciales más reñidas en décadas con una contundente victoria del exministro António José Seguro en la segunda vuelta. El aspirante del Partido Socialista (PS) se impuso con el 67% de los votos al ultraderechista André Ventura (Chega), que acarició el 33%. Un resultado que supone un doble triunfo para el ganador, que no sólo venció en las urnas sino también a quienes dentro de sus propias siglas trataron de boicotear su candidatura, pero que no sabe del todo a derrota al perdedor, tras cosechar el mayor apoyo en unos comicios para su formación desde su fundación en 2019. El escrutinio, eso sí, no será definitivo hasta dentro de una semana, ya que la sucesión de borrascas -que ha causado al menos siete muertos y un millar de heridos- obligó a aplazar los comicios hasta el próximo domingo en varios municipios del sur del país.
Los temporales, que dejaron sin urnas a más de 36.000 lusos, marcaron la recta final de unas elecciones presidenciales extraordinarias por el número de candidaturas -once inicialmente, una cifra récord- y por la necesidad de una segunda vuelta. Hacía cuatro décadas que Portugal no se veía en este escenario. Entonces, en 1986, Mário Soares (PS) ganó al demócrata-cristiano Diogo Freitas do Amaral. Otro socialista, Seguro, de 63 años, se hizo ayer con las llaves del Palacio de Belém, impulsado por un discurso moderado frente al histrionismo de su rival y ayudado por el respaldo casi unánime del resto de formaciones. La izquierda le dio su apoyo en la noche electoral del 18 de enero y la derecha, a cuentagotas, se sumó a su candidatura en las últimas semanas.
El cordón sanitario alrededor de la extrema derecha apenas tuvo fisuras. Entre los principales políticos, sólo el primer ministro, el conservador Luís Montenegro, se negó a pronunciarse a favor de uno de los dos aspirantes, consciente de que su Gobierno, en minoría, se sostiene unas veces sobre los socialistas y otras sobre los ultras. Ventura, de 43 años, denunció el cortafuegos impuesto a Chega (Basta en castellano) como un “todos contra uno” que hizo que su campaña resultara “mucho más difícil”. “El pueblo portugués es el mejor pueblo del mundo, con una enorme responsabilidad cívica”, subrayó con el escrutinio casi cerrado Seguro, quien había advertido en reiteradas ocasiones sobre la “pesadilla” que supondría amanecer hoy con un populista en la presidencia.
FIGURA ARBITRAL
El ultraderechista -que el pasado mayo convirtió a su formación en segunda fuerza de Portugal- perdió en las urnas, sí, pero su presencia en la segunda vuelta alimenta su narrativa de que él, y sólo él, es el verdadero líder de la derecha lusa. Su programa de inspiración trumpista -el lema ‘Los portugueses primero’ no dejaba lugar a dudas- prometía una jefatura de Estado intervencionista, muy alejada del papel de árbitro que esta figura desempeña en el país vecino pese a contar con atribuciones, por ejemplo, como la capacidad de veto de leyes. Seguro optó en cambio por un discurso institucionalista, más pegado a las preocupaciones de sus compatriotas. Mientras el populista arremetía contra la inmigración, el colectivo gitano y el bipartidisimo, el socialista puso la sanidad pública en el centro de su discurso. El sistema de salud luso atraviesa uno de sus peores momentos, colapsado por la gripe y con falta de personal, aunque en la lista de problemas ciudadanos aparecen también el acceso a la vivienda o la fuga de talento joven.
Marcelo Rebelo de Sousa, que se despedirá de Belém a principios de marzo con 77 años y tras dos mandatos, ya advirtió que su sucesor no lo tendría fácil. A Seguro, entre otros retos, le tocará devolver la estabilidad política al país, abocado en los últimos años a miniciclos electorales que no consiguen alumbrar un Ejecutivo duradero. Pero el futuro presidente sabe lo que es enfrentarse a escenarios complicados. Las elecciones que ganó ayer son una muestra de su capacidad para recomponerse, como un ave fénix, tras la crisis interna del Partido Socialista que hace más de una década le hizo abandonar su secretaría general y apartarse de la primera línea pública. Los barones de su formación trataron sin éxito de impedir su regreso en 2025 como candidato del PS a la jefatura del Estado. Y lo paradójico es que su victoria de ayer en las urnas -y eso que los primeros sondeos le daban un 6% de intención de voto, como él mismo recordó- devuelve ahora el protagonismo a unas siglas que no acababan de recuperarse de la crisis sufrida hace tres años tras la renuncia de António Costa como primer ministro por su supuesta implicación -por error- en un caso de corrupción.