Conflicto
14 bombas nunca antes utilizadas
Tras despistar a Irán con vuelos de distracción, el Pentágono martilleó con proyectiles de casi 14.000 kilos los centros nucleares de Natanz y Fordo en una operación relámpago


Actualizado el 22/06/2025 a las 19:16
Las misiones militares que dejan huella histórica suelen ser bautizadas. La que ayer desplegó Estados Unidos al bombardear tres instalaciones nucleares en Irán ya tiene nombre: 'Martillo de Medianoche'. Y, sobre todo, tiene números: empleó 125 aviones, cazas fantasma y de inteligencia, un submarino, numerosas recargas de combustible en el aire, vuelos de señuelo por el Pacífico y 75 armas con un alto poder de penetración, incluidas 14 superbombas de casi 14.000 kilos que nunca habían sido utilizadas en combate. Ese arsenal cruzó el planeta en silencio, de puntillas. Sin apenas comunicarse para no alertar al enemigo, todas las piezas de la misión cumplieron su parte del plan, no tuvieron ninguna respuesta por parte de las sorprendidas defensas iraníes, lograron su objetivo y regresaron a sus bases.
La operación 'Martillo de Medianoche' "devastó" el programa nuclear iraní y fue un "éxito aplastante", aseguró el secretario de Defensa de Estados Unidos. Pete Hegseth desveló que el plan se había diseñado durante meses y que permaneció al ralentí sólo a la espera de la decisión del presidente, Donald Trump. El magnate, como una pieza más del engranaje, también jugó al despiste al dar el pasado jueves "dos semanas" de plazo a Teherán para retomar las negociaciones sobre su programa atómico.
La supuesta tregua sólo duró dos días. Hubo otro elemento de distracción: el sábado, bombarderos norteamericanos sobrevolaron el Pacífico. ¿Hacia dónde? A ninguna parte. La operación real iba por otra vía. Hegseth y el jefe del Estado Mayor del Ejército estadounidense, el general Dan Caine, detallaron ayer los pormenores de una misión protagonizada por siete bombarderos B-2, cada uno con dos tripulantes. Estas aeronaves fueron las encargadas de atacar las instalaciones nucleares de Natanz y, especialmente, Fordo, alcanzada por las bombas de alta penetración 'Massive Ordnance Penetrator' (MOP) GBU-57 y las superbombas guiadas MOAB. Fordo era el gran objetivo. Esta planta, construida en secreto y descubierta por Estados Unidos, Francia y el Reino Unido en 2009, era la joya de la corona del sistema nuclear de Teherán.
Integrada en una montaña, sus instalaciones estaban a casi 100 metros de profundidad y blindadas por capas de hormigón y acero. Tenía capacidad para albergar más de 400 kilos de uranio enriquecido y contaba con la tecnología para fabricar una bomba atómica, según fuentes de Israel. Irán presumía de que era invulnerable. De hecho, el ejército hebreo no dispone de armamento para alcanzar tal profundidad. Sólo lo tiene Estados Unidos: las bombas de penetración masiva GBU-57, que únicamente puede ser trasladadas por los gigantescos bombarderos Spirit B-2.
El Pentágono utilizó siete de estas aeronaves. Completaron un recorrido de 18 horas desde su base en Misuri hasta Irán tras pasar por la península ibérica cerca de la bases españolas de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla). Tras ser reabastecidos de combustible y en torno a la 1.10 de la noche del sábado al domingo (hora de España), bombardearon las instalaciones de Natanz y Fordo.
El efecto de un taladro
En total, fueron empleadas 14 superbombas durante estos ataques. La Massive Ordnance Penetrator (MOP) GBU-57 fue desarrollada después de la guerra de Irak (2003-2011). EE UU invirtió 400 millones de dólares en este proyecto.
Hasta ahora se creía que el Pentágono contaba con 20 proyectiles de este tipo, aunque la industria armamentística norteamericana parece haber fabricado versiones de parecido poder destructor. El Spirit B-2 que ejercía de líder lanzó las dos primeras bombas. Cayeron sobre Fordo una tras otra. Con el efecto de un taladro. Seis bombarderos se encargaron de Fordo; el séptimo fue reservado para acabar con las instalaciones subterráneas de Natanz. En paralelo, un submarino norteamericano disparó más de 24 misiles modelo Tomahawk contra la infraestructura nuclear de Isfahán. Veinte minutos después del inicio de la ofensiva, los aviones B-2 abandonaron el espacio aéreo iraní. La operación apenas duró una hora. Los daños causados por el ataque son "extremadamente severos", según el jefe del Estado Mayor. Fuentes de Teherán, en cambio, dice que en previsión del ataque buena parte del material nuclear de Fordo ya había sido trasladado.
No hay constancia de que aviones de combate iraníes despegaran para neutralizar la misión estadounidense ni de la activación de los sistemas de defensa en tierra. El general Caine se felicitó por el éxito del factor sorpresa. "La orden que recibimos de nuestro comandante en jefe, el presidente Donald Trump, fue concisa, contundente y clara", manifestó Hegseth antes de advertir a Irán de que se abstenga de tomar medidas de represalia contra las bases estadounidenses o cualquiera de sus intereses en la región. "Sería muy mala idea".
Hegseth volvió, eso sí, a extender la mano a Teherán y confirmó que hay "contactos privados" con las autoridades de la república islámica "a través de múltiples canales" para brindarle "todas las oportunidades para sentarse a la mesa de negociación".

