Elección del Papa

El Vaticano impone una dieta ligera y sin espárragos durante el cónclave

El origen de estas prácticas se remonta al siglo XIII, tras el más largo cónclave de la historia: 1.006 días de deliberación entre 19 cardenales profundamente divididos

Nubes sobre la Plaza de San Pedro en el segundo día del cónclave, en la Ciudad del Vaticano, este jueves
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Nubes sobre la Plaza de San Pedro en el segundo día del cónclave, en la Ciudad del Vaticano, este jueves
Nubes sobre la Plaza de San Pedro en el segundo día del cónclave, en la Ciudad del Vaticano, este jueves

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Diario de Navarra

Publicado el 08/05/2025 a las 17:01

Una dieta mediterránea cuidadosamente seleccionada, prohibiciones estrictas y raciones moderadas: así es la alimentación dispuesta para los 133 cardenales que, desde el miércoles 7 de mayo se encuentran reunidos en el Vaticano para la elección del nuevo Pontífice.

Aunque anécdotas como la del supuesto minibar vaciado por un purpurado extranjero puedan resultar pintorescas, lo cierto es que la relación entre el rito del cónclave y la cocina es profunda y de larga data. Desde los menús austeros instaurados durante la elección del Papa Gregorio X, en 1271, hasta la actual "dieta sobria", los alimentos han desempeñado históricamente un papel instrumental en estos procesos eclesiásticos. Así lo subraya Mila Fumini, historiadora de Rímini especializada en recetarios femeninos antiguos y fundadora de RAGÙ - Reti e Archivi del Gusto: “Durante el cónclave, todo tiene una finalidad precisa, incluida la alimentación: favorecer la elección del nuevo Papa lo antes posible”.

La historia del cónclave es también una historia de cocina. Normativas dietéticas y recetas -algunas recomendadas y otras expresamente vetadas- han acompañado al colegio cardenalicio desde hace más de siete siglos. El origen de estas prácticas se remonta al siglo XIII, tras el más largo cónclave de la historia: 1.006 días de deliberación entre 19 cardenales profundamente divididos, reunidos en el Palacio Papal de Viterbo desde 1268 hasta 1271. Como respuesta a aquella agotadora elección papal, Gregorio X instituyó con la constitución apostólica Ubi Periculum (1274) las reglas que aún hoy definen el Cónclave, cuyo nombre proviene del latín clausi cum clave (“cerrado con llave”).

Entre estas disposiciones se incluía una drástica restricción alimentaria: tras tres días sin resultados, los cardenales recibirían una sola comida diaria; tras cinco días, únicamente pan, agua y vino. “Se consideraba que este ayuno podía incluso facilitar el descenso del Espíritu Santo”, explica Fumini. En la actualidad, si bien el régimen es más flexible -en parte por la avanzada edad de muchos de los electores-, se mantiene la sobriedad como principio rector.

COCINA CONTROLADA Y SECRETISMO ABSOLUTO

A diferencia de épocas anteriores, hoy en día la presión no se ejerce a través del hambre, pero la normativa continúa siendo rigurosa. Está terminantemente prohibido introducir alimentos preparados fuera de las cocinas vaticanas. Esta restricción fue reforzada por Benedicto XVI, quien exigió a todos los empleados implicados -incluido el chef de la Casa de Santa Marta- un juramento solemne de secreto con la mano sobre el Evangelio.

A consecuencia de ello, el menú completo no es de dominio público, aunque sí se conoce que ciertos platos están vetados: no se servirán frituras ni carbonara.

Durante estos días de encierro, la alimentación se organiza en torno a un desayuno sencillo, seguido de un almuerzo moderado que incluye carne blanca o pescado, acompañado por verduras procedentes de los jardines vaticanos. La cena, aún más liviana, incorpora cereales, hortalizas, frutas de temporada y pescado cocinado al horno o al vapor. “Se prefiere evitar cocciones pesadas para preservar la lucidez mental y evitar el agotamiento físico que conlleva una digestión pesada”, aclara Fumini.

Los postres están prácticamente excluidos, a excepción de opciones muy simples como galletas secas o tartas ligeras, y el consumo de vino es estrictamente moderado. Entre las recetas destacadas figura la tradicional “pasta del cónclave”, un plato austero pero sabroso compuesto por pasta, mantequilla y queso parmesano.

LA EXCLUSIÓN DE LOS ESPÁRRAGOS: UNA OMISIÓN NO EXPLICADA

Entre las prohibiciones más curiosas figura la de los espárragos. Aunque nunca se ha ofrecido una explicación oficial, se sospecha que esta verdura podría resultar inconveniente debido a su contenido en compuestos sulfurosos, poco adecuados para espacios cerrados

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