Análisis
Las elecciones en Alemania: ¿vuelve el liderazgo europeo?


Publicado el 18/02/2025 a las 18:31
El próximo domingo 23 de febrero, 59,2 millones de alemanes serán llamados a las urnas para elegir la nueva composición del Bundestag (el Parlamento federal alemán), que a su vez elegirá al próximo Canciller de la república. El día siguiente, el 24 de febrero, se cumplirán 105 años de la fundación del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán -partido nazi-. Desde la disolución de este en 1945 hasta la actualidad, en Alemania ha imperado el principio del brandmauer, un cordón sanitario hacia cualquier tipo de pacto con la extrema derecha. Por primera vez ese cordón parece romperse.
Si se cumplen los más que probables pronósticos electorales, los conservadores de CDU/CSU (Unión Demócrata Cristiana de Alemania), encabezados por Friedrich Merz, se harán con la cancillería. Cancillería que abandonará el actual líder del ejecutivo alemán, el socialista Olaf Scholz, a cuyo partido le espera un tercer puesto, tras los democristianos y los ultraconservadores de AfD (Alternativa para Alemania). La incógnita está en saber quiénes serán los compañeros de baile de Merz.
Tras un mandato marcado por la guerra en Ucrania y la crisis de gobierno, el pasado otoño Scholz se vio obligado a poner un punto y aparte a su gobierno de coalición y convocar elecciones anticipadas. Unas elecciones que en Europa se ven como una oportunidad para que el país más grande de la Unión vuelva a tener el papel protagonista que Merkel desempeñó. El socialdemócrata llegó al poder en 2021 con la intención de heredar el estilo de la que fue canciller durante 16 años, pero lo cierto es que se ha visto desbordado por los tres grandes temas que han marcado su presidencia y están determinando la campaña.
El primero de ellos hace referencia a la situación económica del país. Alemania cerró el 2024 con una contracción en su PIB del 0,2% y de cara a este 2025 se prevé que crezca menos de un 1%. Esta caída ha sido especialmente dura en las regiones del oeste, ya que las exportaciones chinas de automóviles, maquinarias y químicos a precios muy bajos han lastrado la competitividad de los productos alemanes. Este impacto en algunas de las industrias claves, unido al aumento del precio de la energía y las barreras comerciales con Estados Unidos han puesto en tela de juicio las políticas económicas del gobierno de Scholz.
Otro de los retos del Gobierno socialista ha sido la política exterior. El SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania) se ha mostrado tímido en su posición con respecto a Ucrania. El eje a favor del apoyo militar al país invadido conformado por democristianos, socialdemócratas, verdes y liberales ha tenido que hacer frente a las posiciones prorrusas tanto por parte de los sectores más izquierdistas del parlamento, encabezados por Die Linke (La Izquierda) como por los diputados más escorados a la derecha de AfD. Todo ello, enmarcado en un contexto de pugna interna dentro de la OTAN instigada por Donald Trump para que los países miembros aumenten su gasto militar.
La tercera de las grandes cuestiones es la migratoria. Agravada por los distintos ataques como los de Solingen en verano, Magdeburgo en las pasadas Navidades o, más recientemente, en Aschaffenburg y Múnich, el debate acerca de la inmigración en el país germano se ha convertido en un tema central en estas elecciones. Alternativa para Alemania ha capitalizado el voto antiinmigración. Sin embargo, el Gobierno federal, tras el ataque de agosto reivindicado por el autodenominado Estado Islámico, también endureció su discurso e instaló controles fronterizos en los países vecinos de Alemania.
Esta medida, que supuso un primer desafío directo a la normativa del espacio Schengen, ha tenido su resonancia este mes de enero. Merz, a las puertas de la campaña electoral, colocó sobre la mesa una resolución no vinculante para solicitar un endurecimiento de la política migratoria. En un primer momento esta salió adelante gracias a los votos de AfD, pero al tratar de darle categoría de ley, fue rechazada en el Parlamento alemán. Más allá del golpe legislativo para el más que probable futuro canciller, la resolución hizo que el cordón sanitario a los ultraderechistas encabezados por Alice Weidel se convirtiese en un hilo.
El partido de Friedrich Merz se muestra comprometido a seguir agarrado de ese hilo y reeditar el pacto de democristianos y socialdemócratas, conocido como “gran coalición”, bajo el que gobernó Merkel hasta en tres ocasiones. Dependiendo de la composición del parlamento, puede que necesite también del apoyo de verdes o liberales. Lo que es seguro, según los resultados que apuntan todas las encuestas, es que CDU/CSU podría formar gobierno junto con AfD, pero de cara a la gobernabilidad del país, el brandmauer se mantiene y la “gran coalición” aspirará a recuperar la senda del liderazgo europeo.
Mientras tanto, Europa parece estar inmersa en una crisis de gobernabilidad. Una Alemania ausente en los grandes debates comunitarios debido a las crisis internas y una Francia sumida en la inestabilidad política, con cuatro primeros ministros en menos de un año, hace que nos preguntemos quién lleva las riendas del continente cuando más falta parece hacer. En un escenario internacional con Trump dispuesto a instaurar su modelo político y económico a toda costa, China decidida a combatirlo y Rusia en negociaciones sobre el porvenir de Ucrania, Europa debe alzar la voz. Las elecciones alemanas son una oportunidad para que Europa grite grandes consensos o para que los viejos ecos de la extrema derecha resuenen cada vez más alto.
Vania Samperio es viceportavoz de Equipo Europa Navarra