Historia
La Convención Nacional Demócrata de 1968: cuando Estados Unidos se asomó al caos
El presidente Lyndon B. Johnson, con la popularidad por los suelos, renunció a presentar su candidatura a la reelección y provocó que cuatro candidatos pugnaran por sucederle en la más convulsa de las convenciones nacionales de la historia de Estados Unidos


Publicado el 20/08/2024 a las 20:01
En plena celebración de las primarias del 68 en el Partido Demócrata, los norvietnamitas llevaron a cabo su gran Ofensiva del Tet, que supuso un descalabro para las tropas americanas y sus aliados de Vietnam del Sur, y provocó el definitivo desplome de la popularidad del presidente. Al saberse tocado y hundido, Johnson renunció a optar a la reelección: la carrera hacia la Casa Blanca quedaba así abierta en el seno del Partido Demócrata, y no iban a faltar candidatos.
Dentro del partido, todos entendían que la baza para ganar las elecciones era mostrar unidad. Pero en un país dividido lo lógico es que sus representantes políticos también lo estén. Cuatro grandes facciones tenían la fuerza suficiente para que uno de sus cabecillas resultara nominado y, además, contaban con líderes de relumbrón. Robert Kennedy, hermano del expresidente asesinado, representaba a los católicos y a las minorías, además de contar con el prestigio de su apellido y la simpatía de los más moderados de entre quienes se oponían a la Guerra de Vietnam. Los pacifistas radicales se reunieron alrededor de Eugene McCarthy; los sureños, partidarios de actuar con mano dura frente a los disturbios, impulsaron a George Wallace, mientras que el vicepresidente Hubert Humphrey monopolizaba los apoyos de la "Coalición del New Deal"... de lo que quedaba de ella, al menos.
Robert Kennedy parecía llevar la delantera. Las importantísimas primarias de California refrendaron su popularidad. Sin embargo, cuando estaba celebrando esta victoria fue asesinado por Sirhan Sirhan, un palestino de 24 años, que le disparó para vengarse del apoyo mostrado por el senador a Israel durante la reciente Guerra de los Seis Días. La desaparición de Robert Kennedy allanó el camino hacia la nominación a Hubert Humphrey, que fue elegido en la más convulsa de las convenciones nacionales de la historia de Estados Unidos.
Los Siete de Chicago
Por primera vez en la historia de Estados Unidos, graves disturbios se produjeron alrededor de la convención nacional de uno de los grandes partidos. Ocurrieron en Chicago, con motivo de la reunión de los Demócratas para nominar a un candidato, y no fue un simple "escrache": cientos de miles de manifestantes llegaron de todo el país para protestar por la intervención estadounidense en Vietnam. Muchos de ellos pertenecían a movimientos "hippies" y, al principio, como suele suceder en este tipo de eventos, reinaba un ambiente festivo; incluso se improvisó un concierto de rock. Sin embargo, con el paso de los días, el alcalde de la ciudad, Richard Daley, decidió actuar. La Policía confiscó el camión de la banda de rock y los manifestantes reaccionaron indignados. El enfrentamiento subió de temperatura, hasta que las fuerzas de orden público disolvieron a los congregados con gas lacrimógeno.
Al día siguiente, los manifestantes volvieron a reunirse y rodearon el hotel Conrad Hilton, en el que se habían alojado buena parte de los delegados del Partido Demócrata con motivo de la Convención Nacional. La Policía acordonó la zona y la concentración se disolvió pacíficamente. Sin embargo, el 28 de agosto, el objetivo de la protesta se dirigió hacia el International Amphitheater, en el que se estaba celebrando la convención. Hubo algunas detenciones y los ánimos se caldearon. Entonces, la manifestación volvió a marchar sobre el hotel Conrad Hilton y allí se encontró con más policías y con miembros de la Guardia Nacional. La multitud arrojó piedras contra los agentes y estos respondieron con una carga, la cual fue grabada y emitida en directo por las televisiones, mientras los manifestantes coreaban "el mundo entero está mirando".
Ocho de los cabecillas de las protestas fueron detenidos y acusados de conspiración, incitación a los disturbios y otros cargos. A partir de septiembre de 1969, en medio de agrias protestas en el exterior del edificio, comenzó el juicio, especialmente polémico. Uno de los acusados, un dirigente de los Panteras Negras llamado Bobby Seale, llegó a ser incluso amordazado por orden del juez, debido a los continuos insultos que recibía de su parte. Al final, hubo de ser juzgado aparte, de modo que los ocho acusados originales se quedaron en siete -los Siete de Chicago-. Estos eran Abbie Hoffman, Jerry Rubin, David Dellinger, Tom Hayden, Rennie Davis, John Froines y Lee Weiner.
El juicio se convirtió por momentos en una astracanada en la que los acusados aparecían disfrazados para intentar ridiculizar a las autoridades o animaban a los miembros a consumir drogas alucinógenas, como el LSD. Concluyó en febrero de 1970 con el veredicto de no culpabilidad por los cargos de conspiración, si bien cinco de los acusados sí fueron declarados culpables de incitación a la violencia y condenados a cinco años de prisión. Las condenas fueron posteriormente revocadas.