Las elecciones europeas y la ampliación de 2030 para Ucrania, Moldavia y Georgia
Vista como un espacio que promueve la paz, la democracia y la prosperidad, la UE se ha erigido como un símbolo de un avance histórico tan esperado para estos países


Publicado el 20/06/2024 a las 11:28
En un giro histórico, Ucrania, Moldavia y Georgia iniciaron su camino hacia la adhesión a la Unión Europea (UE) a principios de 2022. Desde entonces, los avances se produjeron a una velocidad vertiginosa. Tras presentar sus solicitudes a principios de 2022, la Comisión Europea tardó poco más de cuatro meses en completar su evaluación sobre la preparación de los tres países para convertirse en candidatos formales. Incluso Georgia, que alcanzó el estatus de candidato en diciembre de 2023, avanzó casi el doble de rápido que el promedio de más de 3 años de los miembros actuales. Asimismo, 2023 marcó un momento crucial con las negociaciones para la adhesión formalmente abiertas en diciembre para Moldavia y Ucrania. Vista como un espacio que promueve la paz, la democracia y la prosperidad, la UE se ha erigido como un símbolo de un avance histórico tan esperado para estos países.
Pero, ¿podría todo este progreso revertirse con los resultados de las elecciones de la UE de la semana pasada? Aunque los partidos europeístas han mantenido una mayoría en la cámara, las formaciones de extrema derecha obtuvieron avances significativos en las elecciones del 6 al 9 de junio. Se espera que la gran coalición se mantenga, aunque su poder se verá disminuido: el panorama político general del Parlamento Europeo se reflejará en sus diversas instituciones, moldeando la formulación de políticas y, por ende, influyendo en las decisiones sobre la ampliación. Aunque los Estados miembros tienen autoridad sobre las políticas exteriores en la UE, el Parlamento Europeo desempeña un papel crucial con poderes de supervisión y deliberación en las discusiones sobre la ampliación. Además, también controla la asignación presupuestaria para la ayuda previa a la adhesión, redacta legislación para acciones exteriores y su aprobación es imprescindible para cualquier nueva adhesión a la UE. De este modo, el viraje hacia la derecha en el Parlamento Europeo podría complicar la aprobación de las negociaciones de adhesión y, en general, socavar la cohesión y la credibilidad de la UE como entidad democrática.
Aunque el Consejo Europeo es la institución clave para la ampliación de la UE, las elecciones del Parlamento Europeo anticipan los desafíos futuros a los que se enfrentará el Consejo. Si la tendencia política actual no se revierte, una mayor representación de la extrema derecha en el Consejo Europeo -determinada por las elecciones nacionales- planteará desafíos aún más significativos para la política de ampliación en el futuro, una tendencia ya evidente en Francia.
A pesar de los avances de la extrema derecha y la posibilidad de un veto por parte de Hungría, la UE debe mantener su apuesta por la ampliación hacia el este. Perder la perspectiva de adhesión reforzaría la idea de que estos países son meros “vecinos” de la UE, relegándolos a un limbo geopolítico que obstaculiza su progreso democrático. Si la UE no ofrece perspectivas creíbles de adhesión a estos países, los deja en manos de la expectante Rusia. La adhesión europea es para Ucrania, Moldavia y Georgia la posibilidad de decidir su propio destino y escapar del imperialismo ruso. De esta forma, la pregunta que surge es la siguiente: ¿Queremos dejar en manos del agresor a estos países que miran a Europa en búsqueda de ayuda? La ampliación hacia Ucrania, Moldavia y Georgia mejora la seguridad y el poder de la UE al asegurar sus fronteras, estabiliza a los países adyacentes y niega a los rivales sistémicos el control de la vecindad de la UE. Por lo tanto, invertir en la ampliación y en la promoción de la democracia en los países candidatos es invertir en la paz.
La estabilidad de la perspectiva de adhesión es crucial para sostener las reformas democráticas y del Estado de derecho en estos países. La UE puede desempeñar un papel similar al que tuvo entre los años 70 y hace una década, ayudando al Trío de Asociación a convertirse en democracias plenas. Un viaje a Varsovia y Bucarest muestra lo que la ampliación ha significado para los países liberados del yugo comunista después de 1989, en comparación con aquellos que no lo lograron. Para contrarrestar la influencia rusa, la UE debe seguir fortaleciendo la condicionalidad democrática y fomentando una mayor integración social con los países candidatos. Estas medidas no sólo destacarían los beneficios de las reformas democráticas, sino que también incentivarían a países como Armenia, Bielorrusia y Azerbaiyán a seguir caminos similares, promoviendo los intereses de todas las partes involucradas. Además, la ampliación beneficiaría tanto a los nuevos como a los actuales estados miembros, ofreciendo un mercado interno más amplio y mayores oportunidades para viajar, estudiar y residir dentro de un bloque más seguro en un panorama global cada vez más incierto.
Las recientes elecciones parlamentarias europeas y la presidencia de Hungría del Consejo de la UE presentan desafíos. Sin embargo, es poco probable que interrumpan las negociaciones de adhesión para Ucrania y Moldavia; Georgia ya en un ritmo diferente. La ampliación continuará siendo un tema central en la agenda de la UE en los próximos diez años, por lo que es crucial que las instituciones europeas mantengan viva las perspectivas de adhesión para estos países. Con el inicio de las negociaciones formales el 25 de junio para Moldavia y Ucrania, estos países están un paso más cerca de unirse a la familia europea. No ampliar la Unión Europea no es una opción en el contexto geopolítico actual.
Delia Dinca, socia de Equipo Europa y estudiante de máster en Estudios Europeos en Sciences Po Paris