A prisión una madre que dio un arma a su hijo con la que mató a 4 personas
La mujer podría ser condenada a 15 años, mientras que el muchacho fue sentenciado a cadena perpetua y el padre está pendiente de juicio


Publicado el 08/02/2024 a las 05:00
En la epidemia de tiroteos escolares que azota Estados Unidos, ¿son responsables de los crímenes los padres que compran las pistolas de sus hijos? En el caso de Ethan Crumbley, un jurado de Michigan decidió este martes que sí. Al menos en lo que se refiere a su madre, Jennifer Crumbley, de 45 años, que en noviembre de 2021 le regaló un arma a su hijo de 15 años con problemas mentales e ignoró todas las advertencias del colegio. El chico mató a cuatro compañeros e hirió a otros seis y a un profesor. El jurado la ha encontrado a la mujer culpable de cuatro delitos de homicidio involuntario, por los que puede ser condenada a un máximo de 15 años de prisión.
Y es que el protagonizado por su hijo no fue un tiroteo cualquiera, sino uno tan particularmente cruel que Ethan fue enjuiciado como adulto y condenado por terrorismo. A casi todas sus víctimas le disparó varias veces. A Justin Shilling, de 17, le obligó a arrodillarse antes de ejecutarlo. A Hanna St. Juliana, de 14, la remató en el suelo “para acabar el trabajo”, declaró después. “Soy una mala persona. He hecho cosas terribles que nadie debería hacer”, dijo al juez en diciembre pasado. A sus 17 años el joven ha sido sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de obtener la libertad condicional, la primera sentencia de ese tipo desde que en 2012 el Tribunal Supremo dictaminase que es una tan condena excesiva que solo debe ser usada en casos extremos.
Su madre también hace historia ahora. El caso abre un nuevo capítulo en la historia de los tiroteos masivos al poner la responsabilidad en ella por no haber ejercido adecuadamente su papel de tutelaje haciendo “pequeñas cosas”, dijo el fiscal, que podían haber evitado la tragedia. Para empezar, el arma de fuego se guardaba en un cajón sin cerradura. Los padres habían recibido varias llamadas del colegio avisándoles de que habían visto al chico buscando munición por internet en su móvil, además de múltiples señales de alarma que incluían haber dibujado balas en el pupitre con frases como “veo sangre por todas partes”. El chico, que no declaró en el juicio, también pensaba que sus padres no le hacían caso y le habían negado ayuda psicológica, según escribió en su diario. Todavía el padre, quien pagó la pistola, tiene que ser enjuiciado por los mismos delitos.