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Invasión de Ucrania

Los temibles ‘lobos grises’ de Kiev que han provocado la desbandada rusa

El papel de las fuerzas especiales ucranianas ha sido crucial para provocar la desbandada del Ejército ruso en Járkov

Ampliar Miembros de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Ucrania, posando tras un ataque en Járkov
Miembros de las Fuerzas de Operaciones Especiales de Ucrania, posando tras un ataque en JárkovREUTERS
Actualizado el 14/09/2022 a las 13:38
El pasado 25 de julio el Gobierno de Kiev tomó una decisión que pasó desapercibida. Volodímir Zelenski anunció entonces el cese del jefe de las Fuerzas de Operaciones Especiales, Hryhoriy Halahan, y el nombramiento en el cargo de Viktor Horenko, al que calificó como “un general peleón”. 
Bajo el mando de Horenko, estos comandos ucranianos -equivalentes a los efectivos sas británicos o a los seals norteamericanos-, cuyo emblema es un lobo gris, se han convertido en una pesadilla para las tropas rusas y han sido claves en la última contraofensiva en Járkov.
Como todos los soldados integrados en grupos de élite y participantes en operaciones de alto secreto, de Horenko solo se sabe que ha formado parte en “acciones antiterroristas” y que hace un año fue enviado a Kabul para rescatar a los ciudadanos de su país tras la toma del poder por parte de los talibanes. Pero es evidente que Horenko ha conseguido que sus hombres sean la vanguardia del Ejército ucraniano en esta nueva fase de la guerra.
Según ha transcendido, en la reciente contraofensiva en Járkov, estos cuerpos de élite se han infiltrado detrás de las líneas enemigas y se han encargado de localizar depósitos de armas rusos, cuarteles o zonas de concentración de blindados. Una vez descubiertos, los comandos facilitaron sus datos a la artillería para que los pulverizasen.
De la misma manera, estos especialistas han desmantelado emboscadas tendidas a los ucranianos y se han encargado de perseguir a los rusos que huían para impedir que se reagrupasen. Su misión más decisiva ha sido avanzar en pequeños pelotones con misiles antiaéreos ligeros -pueden ser disparados desde el hombro- para impedir a Rusia tener cobertura aérea en las zonas de combate.
TRAS LOS SABOTAJES EN CRIMEA
Pero los comandos ucranianos no se han encargado solo de abrir el camino a las tropas de infantería encargadas de expulsar a los rusos de Járkov. Desde el mes de agosto, miembros de las fuerzas especiales han comenzado a actuar en la península de Crimea, terreno bajo control ruso y base de la flota de Moscú. A este ejército de las sombras de Kiev se le atribuye la detonación de una bomba que arrasó el aeródromo de Saki, además de varios ataques con drones contra el edificio donde se reúnen los almirantes de la Armada invasora y también la voladura de varios depósitos de armas de Sebastopol.
LA BAJA MORAL DE LAS TROPAS RUSAS
Una de las revelaciones más contundentes a raíz de la contraofensiva liderada por estos comandos es la baja moral de la tropa en el otro lado del frente. Los soldados rusos están desmotivados, sin apenas pertrechos y en muchos casos sus mandos les han abandonado. La Inteligencia ucraniana confirma que muchas unidades enemigas carecían de raciones alimenticias y en muchos casos estiraban varios días la comida.
También se ha comprobado que la artillería rusa había comenzado a dejar de estar operativa ante la imposibilidad de encontrar repuestos para sus cañones. El ánima -la parte interior del cañón- sufre un gran desgaste en cada disparo y tras meses de fuego es necesaria su sustitución para garantizar una mínima precisión en los objetivos.
Según los datos que divulga el Gobierno de Kiev -y por tanto siempre bajo la sospecha de la propaganda- las tropas rusas se están rindiendo en masa o están huyendo de forma desesperada para intentar llegar al otro lado de la frontera ucraniana.
Los servicios secretos de Kiev hicieron público a comienzos de semana el testimonio de un joven recluta ruso que se entregó al enemigo. “Nuestros oficiales superiores se marcharon mientras nos estaban quemando vivos”, se lamentó el prisionero en un vídeo en el que pedía a los ciudadanos de Rusia que no dejasen a sus hijos ir a la guerra, “porque está siendo una matanza”.
En otros medios se han recogido testimonios de soldados llorando mientras pedían por radio a sus mandos que les diesen algún tipo de instrucción para sobrevivir al ataque ucraniano. Mientras, las fuerzas especiales ucranianas se apuntan el tanto propagandístico y animan a militares y a civiles con experiencia en combate a que se unan a sus filas.
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