FÚTBOL AMERICANO

Con Kaepernick empezó todo

El exquartebarck de los San Francisco 49ers fue el primero en arrodillarse cuando sonaba el himno de EEUU y ahora está sin equipo, lo que ha generado una controversia entre quienes lo justifican con razones deportivas y los que ven detrás una conspiración política

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Javier Iborra

Actualizado el 26/09/2017 a las 06:00

Los ecos de la última polémica racial en Estados Unidos, que tiene en pleno ojo del huracán al presidente Donald Trump y a la liga profesional más popular del país, la National Football League (NFL),  han llegado a España este fin de semana. Sin embargo, no se trata de una controversia reciente; ciertamente se ha cocido a fuego lento durante los últimos meses antes de que la intervención del polémico dirigente haya avivado las brasas hasta generar un incendio.

Empezando por el final, en la última jornada de la NFL, varios jugadores, entrenadores y directivos se han negado a cumplir con la tradición de escuchar de pie el himno de Estados Unidos antes del inicio de los partidos.

El gesto no ha tenido nada de casual: ha sido la respuesta a una amenaza directa lanzada días atrás por el presidente Trump, en la que reclamó que los jugadores que no cumplieran con el debido respeto al himno y a la bandera fueran despedidos e, incluso, instó a los aficionados a abandonar los estadios.

¿Pero cómo se ha llegado hasta aquí? El punto de partida hay que buscarlo en 2016, cuando Colin Kaepernick, quarterback entonces de los San Francisco 49ers, tomó la decisión de arrodillarse mientras sonaba el himno de su país en protesta por la "brutalidad policial contra los negros".

Su postura tuvo una fuerte repercusión en Estados Unidos, pero prácticamente ninguno de sus compañeros y rivales siguió su ejemplo en un primer momento. Él, además, ya había perdido su condición de titular por razones deportivas y no tardaría en ser despedido por su equipo, por lo que su protagonismo parecía condenado a esfumarse.

No obstante, la controversia sobre su condición de "agente libre" ha mantenido desde entonces vivo el debate: no han faltado voces apuntando a razones políticas para explicar su "ostracismo", mientras que para otros se debe a motivaciones estrictamente deportivas -menos conocidas en España, donde el seguimiento a la NFL es minoritario-.

Los defensores de esta segunda opción apuntan, primero, que el estilo de juego de Kaepernick es muy particular -más propio del fútbol universitario que del profesional- y no encaja en los esquemas imperantes en la mayoría de franquicias de la NFL; una situación similar a la de auténticas estrellas universitarias -y mediáticas- como Tim Tebow o Johnny Manziel, que no han podido hacer carrera en el fútbol americano profesional.

Su mejor temporada, la 2012-13 -en la que los San Fransciso 49ers alcanzaron la Super Bowl-, vino de la mano del entrenador Jim Harbaugh, un técnico que había brillado precisamente en el fútbol universitario con Stanford y que trató de exportar sus esquemas a la NFL. Su éxito fue efímero y no tardó en regresar al College Football, donde dirige el programa de la prestigiosa Universidad de Michigan.

Como segundo argumento, recuerdan que los salarios de los quarterbacks -posición mejor pagada de la NFL- impiden que los equipos puedan soportar dos jugadores de alto nivel en ese puesto. Así, aunque Kapernick tiene nivel de sobra para "estar" en una plantilla NFL, sería su propio caché -al que no está dispuesto a renunciar- y no su compromiso político lo que le mantendría en el paro.

El conocimiento de estos detalles por parte de la afición estadounidense explica en parte que el debate sobre el "ostracismo" de Kaepernick no fuera tomado especialmente en serio al otro lado del charco. Por eso, ha tenido que ser otro incidente el que ha dado nuevo aire a la polémica y ha permitido que Donald Trump tense la cuerda.

Tras el combate de boxeo entre Mayweather y McGregor, el defensive tackle Michael Bennett denunció haber vivido un trato racista por parte de la policía en Las Vegas. Y es el cruce de declaraciones entre los responsables policiales, el propio Bennett y directivos y miembros del staff técnico de su equipo, los Seattle Seahawks, el que ha generado el caldo de cultivo propicio para la destemplada intervención de Donald Trump.

Sin embargo, en los artículos que se pueden leer más allá de los medios de comunicación especializados en fútbol americano, se pone el acento en el cacareado veto por parte de los franquicias a Colin Kaepernick, equivocando -posiblemente- el tiro y fomentando entre los aficionados a la NFL un rechazo a reivindicaciones que mezclan deporte y política y que, además, alejan el foco de la denunciada brutalidad policial para centrarlo en un supuesto racismo estructural en el fútbol americano.

El mencionado rechazo se plasmó el fin de semana en los estadios de la NFL con abucheos a los jugadores que se sumaron a las protestas y se ha traducido en hechos como que un día después de que el español Alejandro Villanueva -offensive tackle de los Pittsburgh Steelers- fuera el único de su equipo en salir al campo a escuchar el himno estadounidense, su camiseta se haya convertido en la sexta más vendida de toda la competición.

Una anomalía, ésta, sobre la que no hay debate: no existen razones deportivas que expliquen la repentina popularidad de Villanueva. Solo política.

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