Una comunicación más amable

Javier Goya Santesteban

Publicado el 22/10/2026 a las 07:21

Desde hace un tiempo echo de menos unas formas de comunicar más cercanas que favorezcan un entorno más empático, donde prime la escucha, el respeto a la opinión diferente y la honestidad de los argumentos. Nos estamos acostumbrando a ver y oír cómo verter mentiras, bulos, ideas preformadas sin querer escuchar opiniones contrarias o buscar constantemente enfrentamientos dialécticos en muchas ocasiones alzando la voz, o con maneras bruscas y agresivas para hacer ver que tienen razón, es el modo habitual de expresarse de muchísimas personas hoy en día.

Ese mensaje de confrontación provoca, en numerosas ocasiones, un rechazo y una elevación de la respuesta porque la persona que escucha se siente atacada. La comunicación se presenta totalmente defectuosa entonces, con tanto ruido que hace aún más difícil comprender el mensaje y significado de lo que se dice.

Esta Comunicación defectuosa, se establece en todos los ámbitos de nuestra Sociedad, sobre todo en aquellos que por las circunstancias que sean, hay un componente público de la misma con una exposición multitudinaria de las opiniones. Ahí se vierten sin discriminación alguna, o con claro interés de manipular al resto, todas las cosas que influyen o pueden hacerlo, en quienes escuchan.

Y ese es el principal caldo de cultivo del odio, la discriminación, el rencor, la hostilidad o la repulsión hacia los demás.

Se nota especialmente en aquellas conversaciones de índole político, en las tamizadas de sesgos raciales, o las que impunemente juzgamos la orientación sexual de quien sea, o las que ahondan en nuestras creencias más profundas o casi en cualquier otra donde haya personas diferentes a nosotros.

Sin embargo, os imagináis ¿cómo son las conversaciones de esas mismas personas en sus entornos más cercanos, privados y familiares? ¿Creéis que esas mismas figuras públicas (políticos, presentadores de televisión, periodistas, famosos, blogueros o youtubers…) en sus esferas más íntimas mantienen esos tonos de conversación?

No, yo no lo creo.

Porque cada uno de nosotros y nosotras principalmente lo que anhelamos, es el reconocimiento del igual, el respeto, el cariño, la amistad verdadera, la compañía, la cercanía, el amor de quienes nos ofrecen un lugar seguro, de quienes nos aportan un espacio que podemos llamar “casa”.

Así que, hagamos un esfuerzo, aprendamos a comunicar lo que pensamos apoyándonos en los demás, construyendo juntos, no imponiendo nuestra verdad o nuestra necesidad, si no cooperando.

Eso lo haremos a partir de la comunicación amable, no desde la confrontación más radical y si nuestros intereses son contrarios y diferentes a la otra persona no intentemos imponernos; busquemos lo que nos une, aprendamos, crezcamos, en definitiva, vivamos.

Hay personas que por su situación personal quizás crean que no pueden tener una conversación de ese tipo, que su estatus no les permite poder desarrollar una comunicación asertiva, que están enfermas o que malviven en las calles, o que tienen una pésima relación con su familia o con sus vecinos, que piensen que todas las personas que están a su alrededor se han convertido en sus enemigos o que sencillamente se ven incapaces de ponerse en el lugar del otro.

En ese caso, seamos nosotros quienes demos el primer paso, quienes ofrezcamos la posibilidad de comenzar a entendernos. Un gesto, una sonrisa, una mirada, un abrazo también serán armas de comunicación que abrirán las puertas a pesar de los candados que las cierren.

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