La superstición de lo espontáneo
Publicado el 21/09/2026 a las 07:28
El título de este artículo reproduce una expresión de Eugenio D,Ors, escritor, filósofo y periodista español , contenida en su libro Aprendizaje y heroísmo. Su mensaje es aplicable a la sociedad actual, en la que existe una mitificación de la conducta espontánea, que es valorada más que la conducta reflexiva o pensada. El espontaneísmo sería lo natural, lo creativo, lo sincero, mientras que lo pensado sería artificial.
Eugenio D,Ors decía que en la educación y en el aprendizaje es preciso evitar la superstición de lo espontáneo, que implica repugnancia hacia los medios fatigosos de aprender. Para él, no hay educación ni humanismo sin la exaltación del esfuerzo. Por eso proponía rehabilitarlo junto a la disciplina de la voluntad. El filósofo francés Nicolás Grimaldi sostiene que la voluntad, más que la razón, es lo propio del hombre: “Si queremos es porque comprobamos en nuestras impaciencias y decepciones que no somos lo que tenemos que ser. Experimentamos nuestro ser como el de una promesa que no es cumplida. La voluntad atestigua la esencia originariamente desiderativa de nuestro ser, y la falta de conciliación de la naturaleza con lo instantáneo”.
Sorprende la desproporción entre la importancia dada tradicionalmente a la voluntad y su casi olvido en la práctica educativa moderna. También sorprende la existencia de muchos casos de personas con una voluntad débil. Creo que ello está muy relacionado con el permisivismo educativo que existe en muchas familias.
Los padres permisivos tienen una tolerancia excesiva con el comportamiento sus hijos y actúan como sus abogados defensores frente a los supuestos agravios que reciben de los profesores. Gustave Thivon, tras preguntarse si el permisivismo es un bien para el hombre, contesta lo siguiente: “Cabe ponerlo en duda si se juzga al árbol por sus frutos. Porque el hombre, desde que puede permitírselo todo está vacío. Es una especie de niño mimado que patalea de aburrimiento.”
El permisivismo educativo ha creado y sigue creando niños y adolescentes inseguros, debido a que no fueron entrenados para afrontar dificultades por sí mismos. Confesión de una madre permisiva arrepentida: “Hemos fracasado en la educación de nuestros hijos por haber ido siempre por delante de ellos para barrerles la calle de la vida.” La noción de voluntad, que había servido para explicar la conducta humana durante 2.000 años, se está perdiendo, siendo sustituida por la de motivación. Esto supone pasar de hacer algo bueno, aunque no se tengan ganas, a dejar de hacerlo si no se tienen esas ganas (si uno no se siente motivado.) Muchos estudiantes son víctimas fáciles de las exageraciones actuales sobre la función de la motivación en el aprendizaje. Se cuenta que un niño asistió un día a una charla sobre motivación con este mensaje: “es peligroso estudiar si no apetece”.
Cuando regresó a su casa mantuvo el siguiente diálogo con su madre:
-Mamá, hoy no voy a hacer los deberes escolares.
-¿Se puede saber por qué? Siempre has sido un chico responsable.
-Es que no me siento motivado.
-Pues hoy vas a hacer los deberes desmotivado. Ya verás lo que motiva cumplir con el propio deber.
En la sociedad actual existe una aversión al esfuerzo que está afectando a personas de todas las edades. Para combatirlo es aconsejable presentarlo de forma positiva. Por ejemplo: lo que vale es lo que cuesta; la vida es problema y la lucha es la condición principal del éxito; la mayor de las satisfacciones es el descanso merecido. La voluntad se forja superando dificultades. Pero no basta tener mucha voluntad. Se necesita, además, que la voluntad se oriente al bien. A ello se refiere la virtud moral de la fortaleza. La voluntad es lo que da valor a las cosas pequeñas. (Séneca).
Gerardo Castillo Ceballos. Doctor en Pedagogía. Profesor emérito de la Universidad de Navarra