Reflexión sobre residencias

Maite Cuervo

Publicado el 14/07/2026 a las 10:02

Ingresar a un padre o una madre en una residencia es una de las decisiones más dolorosas que puede tomar una familia. Lo hacemos con el corazón roto, confiando en que recibirán el cariño, el respeto y los cuidados que merecen, además de pagando puntualmente unas cantidades muy importantes por esa atención. Por eso duele tanto comprobar que, en ocasiones, esa confianza se rompe. Nuestros mayores no son un número ni una cama más.

Son personas que trabajaron toda su vida, levantaron familias y contribuyeron a la sociedad. Hoy solo necesitan dignidad, paciencia, humanidad y afecto. Pido a las instituciones navarras que refuercen las inspecciones y el control de las residencias, y a los propios centros que nunca olviden que trabajan con personas. La profesionalidad es imprescindible, pero el cariño y la empatía también lo son.La forma en que cuidamos a nuestros mayores define la sociedad que somos. Ellos ya cuidaron de nosotros. Ahora nos toca estar a su altura.

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