Mi momentico: dos txistularis en Navarrería

Daniel de la Parte Rugama

Publicado el 14/07/2026 a las 10:02

Últimamente salgo poco por Sanfermín, y cuando lo hago es por el día. No echo de menos la noche, cosa que me sorprende a mí mismo… me lo he pasado muy bien en la noche Sanferminera…¡muy mucho! Ahora disfruto de los vermuts y las comidas con la familia, los viejos amigos y las preciosas cuadrillas que vamos acumulando durante los años. Los Sanfermines son generosos, 9 hermosos y espléndidos días para hacer un buen parón, un antes y después en el calendario. Hay quien incluso, felicita el Año Nuevo a su gente el 6 de Julio a las 12:01 de la mañana tras el Txupinazo, cosa que les honra. Lo único que les reprocho a estos maravillosos 9 días es que no sean de 36 horas, siguen siendo días de 24 horas… imperdonable… Y sobre las 8 o las 9 de la tórrida tarde del jueves 9 de Julio, ocurrió una escena que me reconfortó y sorprendió, y no solo a mí… Al final de la calle El Carmen, llegando a la Navarrería, dos Jóvenes Txistularis, mozo y moza, ajenos al “caos ordenado” de esa calle, a esa hora, en esta ciudad, pasaban tocando el Txistu y el tamboril por el puro placer de tocar en esa calle, a esa hora y en esta ciudad.

No les seguía nadie. No eran una Txaranga de peña, o la Jarauta 69, o la Pamplonesa, os los grupos de Iparralde o la Ribera que van todos ellos en formación de “cometa”: una cabeza musical y visible, seguida de una cola de peñakides, arrejuntados autóctonos y guiris bien aconsejados de lo que son los verdaderos y sanos Sanfermines. Ellos caminaban solos, tocando sus instrumentos para que les oyeran los Dioses, los pájaros y los afortunados que los vimos pasar. Creo que era su forma de rezar, de dar gracias a quien sea por estar vivos. Era su forma de repartir y compartir la alegría y la felicidad a quien los pudiera escuchar. Era un humilde acto de aportación generosa a la Fiesta, a las ganas de vivir en sociedad. Su acto era totalmente gratuito y altruista. No llevaban ningún móvil impertinente grabándoles para subirlo a redes…

Estaban aportando su sabiduría, su pasión y su esfuerzo tocando por las calles de Iruña un 9 de Julio al final de la tarde. Me quedé mirándolos, extrañado y atento, para cerciorarme de que la liturgia musical que estaba viendo era real. Iban uniformados, a paso de músico, sin prisa pero sin pausa, atentos, serios, concentrados en la música y en no tropezar con ningún patoso, un deleite para la vista y los oídos.

Me fijé que otro mozo también miraba a los dos Txistularis con la misma cara admiración e incredulidad que yo. Hermanados por la plegaria, por la litúrgia que estábamos escuchando por parte de esos dos “sacerdotes” de la felicidad compartida y altruista, cómplices del momentico que estábamos viviendo, nos dijimos cuatro frases de gratitud y buen rollo hacia los Txistularis. Esos dos Txistularis crearon tribu entre nosotros dos. Gracias Sanfermín por sorprenderme. Abrazo grande a los músicos, expresión de lo que somos en esencia.

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