San Fermín

María Irigoyen Martínez

Actualizado el 12/07/2026 a las 08:56

Estos días de tu fiesta, mucha gente viene a verte, a rezarte, a pedirte una cosica, un favorcico, San Fermín. ¿Por qué será? Tu semblante morenico y sereno ayuda a rezar, a pedirte imposibles para este mundo tuyo y nuestro. Siempre tienes delante miradas ingenuas de niños, algunos te miran con un poco de miedo, otros con cara de pillos, porque se han fijado en que sus padres y abuelos te sonríen y te lanzan un beso con cariño. Ellos los imitan, y acaban sonriendo y sacando alguna lágrima, algún puchero cuando les dicen: “¡Nos vamos!”. No quieren irse, están a gusto a tu lado, morenico, mirándote a esos ojos que los miran a ellos con tanto cariño. Qué paz desprendes, morenico, que haces llorar incluso a los niños (y a los no tan niños), que, con su andar tardío, llegan, se santiguan, y te lanzan un beso de ternura infantil. Tu capotico, estos días, se llena de plegarias, de peticiones, algunas grandes otras pequeñas, de acciones de gracias de los de siempre, de los de casa.

De los que te ven por primera vez, de los que año tras año vienen por devoción, porque saben que los escuchas, y quieren seguir pidiéndote, con más fervor y devoción. Guardas todo dentro de tu capotico. Todos tienen el mismo deseo: pedir algo al Santo. Es tradición, es devoción, es algo que llevan muy dentro, en el fondo del corazón. Tu mano, fuerte y enriquecida con plata firme, nos alienta, nos ayuda, nos dice que nunca estaremos solos, que tu mano nos tomará delicadamente y nos llevará a quien tú tanto amaste. Diste la vida por Él, y Él te dio la corona de la vida, te abrió las puertas del paraíso, porque hiciste su voluntad cuando Él te lo pidió. Tú le diste un sí terreno, Él te dio un sí eterno: gozar para siempre en el cielo de todo su amor. Quiero pensar, morenico, que tu capotico, lleno hasta rebosar, y al acabar el día llega a Jesús y a María. Pienso que, con este gesto de cariño, sacamos a nuestra Madre y a nuestro Dios una sonrisa verdadera, al escuchar el canto bello y conmovedor, al Santo Patrón morenico por tantas muestras de cariño, afecto y devoción.

Que tu mirada, tu capotico, tu mano fuerte sean un apoyo todos los días de nuestras vidas, y, junto a la Madre de Jesús, la Virgen de los Remedios, nos ayudes a encontrarnos con Él cada día de nuestra vida.

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