Los cuernos del sol

Venancio Rodríguez Sanz

Publicado el 09/07/2026 a las 07:25

Son las 13:30. Salgo del trabajo para ir a comer. Tengo mucha hambre. Hace un calor sofocante. De antemano, planeo el itinerario para encontrar el recorrido por donde los aleros de las casas me ofrecen más protección. Aun así, hay zonas por donde no puedo evitar que el toro del sol me cornee con sus astas. 

Bajo por la calle Emilio Castelar y antes de llegar a Camino Cabaldos me paro, soplo y me lanzo al encierro. Mis miembros comienzan a borbotear. Doy un paso fuera del amparo del edificio. Mi sandalia comienza a crepitar. Empiezan a echar humo. Noto que huele a goma quemada. Con mucho esfuerzo levanto el pie izquierdo y doy otro paso. Tengo miedo de quedarme sin suelas. El suelo se derrite. Me cuesta una vida despegar mis zapatillas del asfalto ¡Uf! 

Poco a poco voy llegando a la plaza de Ángel Sanz Briz. Allí hay árboles y debajo de ellos, sombra. Me doy ánimos a mí mismo:”¡Anda, ya te falta poco”, me digo. Llego a dicha plaza y con el cuerpo empapado, me desparramo en el césped debajo de un platanero. He mojado la acera con mi sudor. 

Opino que una fuente que manara agua de forma permanente les iría bien a los pájaros. Noto que este último pensamiento consumió las pocas energías que me quedaban. Decido no comer, en realidad no tenía apetito... Me despanzurro sobre la hierba. Es la hora de volver al trabajo. Espero llegar a tiempo…

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