San Fermín y el rostro del prójimo
Publicado el 07/07/2026 a las 07:52
Pamplona vive de nuevo el estallido de San Fermín. Entre el blanco y el rojo, el ruido y la fiesta, es fácil olvidar que la vida real acontece también en los márgenes. Hace pocos días, caminando cerca de la Plaza del Castillo, me detuve al ver a varias personas buscando entre los contenedores lo que otros desperdician. Mientras tanto, a escasos metros, la avenida de Carlos III y los locales de moda rebosaban de un jolgorio que, en su ceguera, parece no querer ver nada más.
Mientras la ciudad celebra, muchos otros caminan en la sombra de un desierto personal: el amigo que se siente solo entre la multitud, el familiar enfermo, el compañero cuya esperanza se ha ido apagando tras los muros de su propio sufrimiento. ¿Podemos llamar “fiesta” a un tiempo donde ignoramos a quienes han caído en el olvido? La verdadera alegría es una revolución que nace de la ternura y de la justicia. Celebrar, en el sentido más profundo, es hacerse prójimo. Invito a mis conciudadanos a que, en estos días, el pañuelo rojo no sea un adorno vacío, sino un compromiso. Que nuestra mirada no se pierda solo en la diversión, sino que sea capaz de detectar la tristeza y la necesidad que no se gritan.
Una ciudad es realmente grande no por lo mucho que ríe, sino por cómo abraza a quienes han perdido el motivo para hacerlo. Que estos Sanfermines sean, ante todo, un ejercicio de fraternidad. Nadie debe sentirse invisible mientras la vida todavía puede celebrarse en común.