Reflexiones de un pescador en junio
Publicado el 28/06/2026 a las 08:19
Hoy, un día cualquiera de junio, el mes más esperado de los pescadores de trucha, aprovecho este espacio para agradecer lo afortunado que me siento. Gracias a mi padre y a mis tíos por inculcarme esta afición, por transmitirme con tanta paciencia y cariño todo lo que saben de los ríos, las truchas y la vida. Y lo que no sabían. Como cualquier otra afición, me ha servido y me sirve para recordar los valores fundamentales que rigen nuestras vidas, lejos de modas y culturas pasajeras.
Y me siento afortunado porque cada vez escucho con más frecuencia la frase “tengo que buscarme una afición” entre mi generación y siguientes (1996). Hoy, que presenciamos la mayor democratización del ocio y el entretenimiento de la historia, muchas personas se pierden en el supuestamente amplio abanico de posibilidades.
Repetición, introspección o frustración suenan como estribillos pasados de moda. Han sido rápidamente sustituidos por conceptos como variedad, exposición o subidón. Por ejemplo, al iniciamos en un deporte de raqueta o en las artes de la cocina: ¿A quién no le ha encantado la primera toma de contacto? ¿Quién no ha subido a las redes sociales una foto de sus primeros pinitos? ¿Quién no ha repetido por segunda o tercera vez y le ha parecido monótono, difícil o imposible? Y para los más hábiles, pasada la curva de aprendizaje rápida que tanto nos gusta, ¿Quién no ha acabado perdiendo el interés tras intentarlo unas pocas veces?.
¿Cuáles son entonces los árboles que no nos dejan ver el bosque? En mi humilde opinión lo atribuiría principalmente a la sobreestimulación y a la mala gestión de las expectativas. A partir de estos dos factores, se derivan los comportamientos y los hábitos que desvían la atención de cualquier foco que nos propongamos. Si conseguimos centrarlo en algo concreto, el estrés por avanzar, exponernos y compararnos con el resto arruinarán nuestro interés a medio y largo plazo.
Tenemos la suerte que todavía queda gente dispuesta a transmitirnos su afición, depende de nosotros reconocer lo que siempre ha estado ahí. Si la tendencia actual no revierte no sé qué será de las generaciones futuras. ¿Acaso se puede aficionar a alguien sin haberlo vivido?
Gonzalo Mateo Bescos