Respetar el patrimonio

Mª Eva Aoiz 

Publicado el 02/06/2026 a las 07:15

Ante las últimas noticias sobre el Monumento a los Caídos en la Plaza la Libertad de Pamplona, deseo exponer mis reflexiones como ciudadana sensible al arte, amante de la arquitectura y respetuosa de nuestro patrimonio. De entrada, no comprendo el empeño por destrozar un edificio histórico, catalogado y diseñado por los ilustres arquitectos Yarnoz y Eusa, sin tener el suficiente consenso social y, sobre todo, sin contar con el aval de prestigiosos arquitectos, historiadores y expertos soslayando ideologías y sentimientos viscerales. Si estas decisiones se toman anteponiendo la emotividad a la razón, los resultados suelen ser catastróficos y, generalmente, ya no suele haber vuelta atrás.

En segundo lugar, no entiendo la decisión de tratar este proyecto como si se tratara del concurso de carteles para los Sanfermines, con todos mis respetos para ese concurso, o sea, el ciudadano no elige, opta entre lo que le presenta el político. Todo para que, en las cuestiones más espinosas, la decisión tenga una envoltura democrática que exima de responsabilidad a quien debe ejercerla y cobra por ello.

Otra cosa, no menos importante, es el coste de la obra estimado en 10 millones de euros más los imprevistos. Un lujo innecesario que saldrá, por supuesto, del bolsillo del contribuyente vía impuestos. En las actuales circunstancias económicas, con ese dinero se podría satisfacer otras necesidades más importantes como aumentar e incentivar la oferta de vivienda, atraer y retener industria y talento o mejorar los servicios. En definitiva, menos gasto, más inversión y menos corrupción.

Pamplona no es una ciudad monumental por eso hay que conservar el poco patrimonio arquitectónico que tiene. En los países de la UE no se cometen tantas barbaridades; se conserva todo lo histórico y se levantan edificios arrasados por las guerras analizando fotos o planos antiguos para guardar su estética original y su arquitectura autóctona. Así es como tienen edificios emblemáticos, esculturas, el casco histórico bien conservado y los barrios con la arquitectura moderna o de la época en que se edificaron, sin olvidar los edificios industriales a los que se les ha dado nuevos usos.

En definitiva, que soy partidaria de que el patrimonio común no hay que reinventarlo, forma parte de nuestra historia y, lo mismo que ocurre con esta, hay que cuidarlo y manosearlo lo menos posible.

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