Progreso

Pedro Marín Usón

Publicado el 23/04/2026 a las 07:22

Se habla de “progreso” con la misma ligereza con la que se lanzan promesas electorales: mucho brillo, poco contraste con la realidad. El término se ha convertido en un comodín retórico, útil para adornar discursos y atraer votos, pero rara vez sometido a verificación. Sin embargo, el progreso no es una palabra, sino una experiencia. No se mide en eslóganes, sino en condiciones de vida concretas. Cada ciudadano lo percibe en su día a día: en su acceso a la vivienda, en la estabilidad de su empleo, en sus expectativas de futuro. ¿Vivimos mejor que hace diez o veinte años? ¿Estamos en una situación comparable -o superior- a la de nuestros padres a nuestra edad? Son preguntas sencillas, pero incómodas, porque obligan a contrastar el relato con la realidad. Y es ahí donde los datos introducen una disonancia difícil de ignorar. Diversos estudios apuntan a que la generación millennial, en torno a los 39 años, presenta niveles de acceso a la vivienda similares a los que la generación anterior alcanzaba a los 25. Más de una década de diferencia para llegar, en el mejor de los casos, al mismo punto. A esto se le sigue llamando progreso (...).

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