El Papa predica paz, otros siembran odio

Alberto Guijarro Cano

Publicado el 19/04/2026 a las 08:15

Lo ocurrido en los últimos días con los ataques de Donald Trump al pontífice León no debería despacharse como una simple anécdota más del ruido político actual. Es algo más serio, hablamos de un síntoma claro de la degradación del respeto público y de los límites que nunca debieron cruzarse. Se puede discrepar del Papa, por supuesto. Pero lo que no es admisible es convertir esa discrepancia en una catarata de descalificaciones hacia quien representa no solo a una institución bimilenaria, sino a millones de personas que merecemos, como mínimo, consideración. No todo vale y mucho menos cuando se trata de erosionar deliberadamente la dignidad de una figura de esa relevancia.

El pontífice León ha insistido una y otra vez en la necesidad de tender puentes, de apostar por la paz y de rebajar la tensión en un mundo cada vez más inclinado a la confrontación. Frente a eso, el insulto y el desprecio no solo son injustos, son irresponsables. No necesitamos más ruido, más división ni más discursos que alimenten el enfrentamiento. Necesitamos líderes que contribuyan a la concordia, no a lo contrario.

Muchos jóvenes católicos nos sentimos representados por ese mensaje de paz. No queremos una sociedad instalada en la crispación permanente ni en la lógica de bandos enfrentados. Queremos convivencia, respeto y diálogo. Por eso apoyamos a nuestro pontífice cuando defiende esos valores, que son tan necesarios hoy. Resulta especialmente grave que este tipo de ataques provengan de quienes ocupan responsabilidades de primer nivel y deberían ser los primeros en dar ejemplo. Cuando se banaliza el insulto y se normaliza el desprecio, lo que se está haciendo es empobrecer la vida pública y alimentar un clima donde el respeto deja de ser un valor para convertirse en una rareza.

Conviene decirlo alto y claro. Estos ataques son impropios, inaceptables y perjudiciales. Defender al Papa León no es una cuestión ideológica, sino una cuestión de principios. Y entre esos principios, la paz, el respeto y la dignidad no deberÍan ser negociables.

Alberto Guijarro Cano. Expresidente del Consejo de la Juventud de Navarra

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