Los jinetes del futuro
Publicado el 13/04/2026 a las 07:42
La guerra y la transición industrial no son titulares lejanos: son la antesala de millones de empleos perdidos y vidas truncadas. Bruselas advierte de un riesgo claro de estanflación por el conflicto con Irán: menos crecimiento, más inflación, energía encarecida y empresas estranguladas por costes y tipos de interés. Detrás de cada décima de PIB hay fábricas que cierran, talleres que reducen turnos y familias que dejan de llegar a fin de mes.
En paralelo, si el mayor fabricante de automóviles del mundo duda de su propia supervivencia, el mensaje al resto del sector es devastador: nadie está a salvo. La presión de la competencia china, los costes de la electrificación, la automatización y la inestabilidad energética dibujan un futuro donde producir más coches no significa crear más empleo, sino menos. La propia dirección de Toyota habla ya en términos de “sensación de crisis” y “lucha por la supervivencia”.
Guerra, energía cara y revolución tecnológica forman un cóctel que amenaza el tejido industrial europeo y mundial. No podemos resignarnos a que la factura la paguen los mismos de siempre: trabajadores expulsados de fábricas, comarcas condenadas a la desertificación social. La respuesta no puede limitarse a ayudas puntuales, sino a una política industrial y social que acompañe la transición, anticipe reconversiones y proteja la dignidad de quienes hoy temen ser los sacrificados del nuevo orden económico. Se habla desde la política de un nuevo renacer industrial europeo que pocos creen ya, hartos de promesas vacías. Mucha advertencia, para no hacer nada de nada.