Las cuentas claras y a las cosas por su nombre

Raquel Sáenz Gutiérrez

Publicado el 27/12/2025 a las 08:26

¿Cuál suele ser la razón principal de un gobierno para denegar alguna petición popular? No hay dinero ¿no? Hace unos días, después de demandarlo desde hace más de 20 años nos llegó a Amagintza la noticia de que el Parlamento Navarro ha aprobado una enmienda de 30 mil euros para la creación de un banco de leche, que es demasiado pretencioso llamarlo así según nuestro punto de vista, porque no va a ser un verdadero banco de leche como Navarra y sus bebés se merecen. 30 mil euros para comprar neveras y biberones, 30 mil euros para comprar leche materna a otro banco cercano (si éste, tiene excedente claro). Queremos recordar que el uso de leche materna frente a leche artificial reduce considerablemente los días de ingreso en neonatología de las criaturas (entre otros muchos beneficios de sobra demostrados que no voy a detallar).

Veamos los números, a ver si así se ve más claro. Construir nuestro propio banco (de verdad, no un parche) son 100 mil euros y el mantenimiento anual 70 mil. Al año la unidad de neonatología acoge una media de 500 criaturas, de esas se estima que 400 podrían beneficiarse de la leche materna donada. Tiremos por lo bajo, que no nos digan que exageramos. Supongamos que 100 de esas criaturas, gracias a la leche materna donada reducen un día su ingreso, que cuesta 1500 euros. Sólo con eso el gobierno se ahorraría 150 mil en ingresos, en dos años estaría pagado el banco y cubierto el gasto anual y ya habría beneficios anuales a partir de entonces. Las cuentas son claras, y solo estimando un día menos de ingreso, sin contar el ahorro en leche de formula (la materna saldría gratis) ni posibles complicaciones posteriores. Entonces nos preguntamos, ¿por qué? Los políticos lo apoyaron, los profesionales de neonatos lo demandan, las madres navarras quieren donar, ¿cual es la razón para no tener nuestro propio banco de leche como el resto de comunidades? Mirando los números y los beneficios demostrados, ¿hay algún interés oculto que escapa a nuestro conocimiento? ¿Conflicto de intereses quizá? Saquen sus propias conclusiones pero yo soy de las que piensan... piensa mal, y acertarás.

Raquel Sáenz Gutiérrez, vocal de la junta de Amagintza

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