Navidad: la riqueza de compartir
Publicado el 13/12/2025 a las 08:23
La celebración anual de la Navidad, fiesta familiar por antonomasia y muchas veces, por desgracia, ocasión de derroche consumista, pone ante nuestros ojos, por contraste, la existencia de tantas personas que viven en condiciones de pobreza, soledad y desamparo. Y no me refiero a países lejanos. En nuestra propia Comunidad Foral, a poca sensibilidad que tengamos, podemos descubrir a miles de personas en esas circunstancias. La reciente exhortación apostólica del papa León XIV, titulada Dilexi te, «Te he amado», nos ha recordado el compromiso que todos tenemos con quienes viven “en el dolor, en la soledad o en la necesidad, pues el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia”, cuyo nacimiento en Belén nos disponemos a conmemorar. Es una invitación a “escuchar el grito del pobre”, que es la manera de identificarnos con el corazón de Dios, atento siempre a las necesidades de sus hijos, en especial de los más necesitados.
Explica León XIV que hoy “existen muchas formas de pobreza: aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad”. Nadie podría decir, al leer esta enumeración, que la exhortación del Papa no concierne a nuestra sociedad. ¿Quién no conoce, incluso en su entorno inmediato, a personas en situaciones de necesidad y debilidad? ¿Quién no tiene un enfermo o un anciano en su familia? No cabe mirar para otro lado: no sería cristiano ni siquiera humano.
Sabemos, además, como el Señor mismo nos enseña, que todo acto de amor hacia el prójimo es un reflejo de la caridad divina: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con el más pequeño de mis hermanos, lo hicisteis conmigo» (Mateo 25,40)”. Por otra parte, sigue diciendo el Papa, “la generosidad para con los pobres es un verdadero bien para quien la practica; de hecho, comportándonos así, somos amados por Dios de modo especial”. Decía Benedicto XVI que la pobreza más radical es la falta de sentido de la vida. Hoy lo percibimos a diario. Personas con todas las necesidades materiales satisfechas y que no alcanzan a descubrir un motivo para dar contenido y significado a su existencia, que les resulta anodina, sin relieve.
Hay personas, en esta sociedad nuestra, que quizá no mueran de hambre, pero sí de aburrimiento. Porque todos los entretenimientos que hoy el mercado nos ofrece para paliar ese vacío interior, como son las retransmisiones deportivas a todas horas, las series, las redes sociales, los videojuegos y un largo etcétera, más que aplacar esa sed de amor infinito que todos tenemos, más que aplacarla, la avivan y la hastían. Porque, como alguna otra vez escribí en esta sección, venimos hechos de fábrica a imagen y semejanza de Dios, para amar y para servir, para cuidar a los demás. Y solo así podemos colmar esa nostalgia de plenitud que notamos en nuestra vida.
José María Montes Andía