¿A dónde vas, Europa?

Gerardo Castillo Ceballos

Publicado el 20/11/2025 a las 07:29

La identidad de Europa se forjó en la conciencia de un pasado común y unos valores compartidos, como la libertad y la democracia. Pero, lamentablemente, según un reciente estudio del Parlamento Europeo, el 39% de la población no se siente europea. Está decreciendo el sentido de identidad y de pertenencia.

Conviene recordar un error cometido en el inicio de la construcción europea: contar muy poco con la ciudadanía. Ello generó un déficit identitario y una falta de conexión entre los ciudadanos y las instituciones, que aún permanece.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, declaró recientemente que “necesitamos otra Unión Europea: tendrá que estar preparada para salir al mundo y desempeñar un papel muy activo en la configuración del nuevo orden mundial que se avecina”.

La vieja Europa sigue generando apatía política y social, desapego de la comunidad y aumento del individualismo. También el aumento de partidos euroescépticos y el resurgimiento de los nacionalismos extremistas.

Algunos males de Europa se dan de un modo especial en España:. Por ejemplo, la indiferencia hacia los problemas colectivos y la pasividad ante algunas regiones proclives al separatismo. Pero, ¿será posible una nueva Europa olvidando su orígenes? El 9 de noviembre de 1982 Juan Pablo II pronunció un memorable discurso sobre la pérdida de la identidad europea con este reto: “Vieja Europa, vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes”.

La identidad cristiana de Europa se aprecia especialmente en la huella profunda que el cristianismo dejó en la cultura europea, visible en la arquitectura, la música sacra, la literatura y el arte.

Joseph Weiler, eminente psicólogo estadounidense, sostiene que el ser humano busca dar un significado a su vida que va más allá del interés personal. En los inicios del siglo XX este deseo humano se cubría en Europa con tres elementos: familia, iglesia y patria. Posteriormente estos elementos se diluyen. Ello daría lugar a un vacío espiritual que está en la base de la actual decadencia de Europa.

Para reforzar la identidad europea, algunos expertos proponen realizar elecciones europeas con listas trasnacionales celebradas el mismo día en todo el continente. Añaden promover una educación cívica actualizada en todos los estados miembros.

* Gerardo Castillo Ceballos. Doctor en Pedagogía. Profesor emérito de la Universidad de Navarra

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