Sobre las mujeres y las niñas afganas

​Laura Urquizu.

Publicado el 18/11/2025 a las 07:22

Mi madre nació en un pueblo de la Ribera de Navarra en 1942, tierra de agricultores. Era una niña despierta, inquieta y, además, brillante. Le gustaba mucho ir a la escuela y aprender. Cuando cumplió 15 o 16 años (no tengo clara la edad exacta y lamentablemente ella no lo recuerda ya) sus padres decidieron que dejara de estudiar para ayudar en casa. Una de las monjas que llevaba la escuela fue a hablar con mi yaya. Quería explicarle que su hijita tenía talento para continuar estudiando y labrarse un futuro profesional fuera de casa. La monja no lo consiguió. Mi madre fue educada en casa para ser una buena ama de casa.  

Y así transcurrió toda su vida. Siendo ella como era, llegó a la excelencia como ama de casa, a pesar de su frustración silenciosa. Si existiese un tribunal que juzga a las amas de casa, le hubiesen concedido una Matrícula de Honor. Pero lo que poca gente sabe es que ella educó a su hija para que jamás fuese como ella. Desde que tengo uso de razón, la recuerdo diciéndome mientras me peinaba las coletas: “Estudia hija, estudia. Sé siempre independiente. No dependas jamás de un hombre”. 

Gracias a mujeres como ella, las mujeres de hoy hemos podido aprender, estudiar, pensar en nuestro propósito de vida y elegir si queremos quedarnos en casa o queremos tener un futuro profesional fuera. Y así seguimos educando a nuestras hijas. Queremos que sean capaces de elegir.  

Por ello, cuando leo las noticias que vienen de Afganistán, se me hiela la sangre y dejo hasta de respirar. Me duelen los ojos de ver esas fotos. Mujeres y niñas encarceladas en sus propias casas, atrapadas entre ropajes que muchas veces no dejan ver ni sus ojos.  

Sus carceleros les niegan el aprendizaje, la lectura, el desarrollo intelectual y humanista. Se les impide su desarrollo personal. Quedan reducidas al papel de receptáculo para engendrar hijos. Y esto no pasa a escondidas, en una esquina oculta del mundo. No.  

Esto sucede en el escaparte mundial, ante los ojos de miles de millones, gracias a los pocos que continúan luchando para que su situación no caiga en el olvido. 

Yo todavía puedo hacer poco. Hay otros que pueden hacer más. Y otros que pueden hacer mucho. Lo poco que puedo hacer hoy, es alzar la voz e intentar traer este tema de vuelta a la agenda política europea.  

Insistir a nuestros políticos que hagan algo. Y mientras se me ocurre qué más puedo hacer, ruego a nuestros políticos que ayuden a las mujeres y niñas de Afganistán.  Piensen que sus hijas podían haber tenido la mala suerte de nacer allí. 

Laura Urquizu. CEO y presidenta de Red Points

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