Veritas
Publicado el 17/11/2025 a las 07:31
Vivimos tiempos extraños. Una frase ampliamente utilizada en los más variados contextos, aunque aplicada al mundo en el que vivimos creo que adquiere fuerza renovada. William Shakespeare en su obra Hamlet, expresaba este sentimiento con las siguientes palabras: “The time is out of joint” lo que significa: el tiempo está desajustado.
No parece que sea el tiempo “per se” lo que puede caer en desajuste (hay quién pone en tela de juicio, incluso la existencia misma de la dimensión temporal). Los que parecen desajustarse son los que transitan el momento, esto es, los seres humanos.
Largo y tendido se ha hablado y escrito sobre lo que a estas alturas asoma como una realidad: La lectura que somos capaces de hacer las personas del mundo que nos rodea puede estar desajustada. Nuestra capacidad de recabar datos para tomar decisiones a través de los cauces informativos conocidos, nos deja en muchas ocasiones en la puerta de acceso a realidades parciales, distorsionadas y en muchas ocasiones, directamente falsas.
Este fenómeno que hemos tenido a bien llamar postverdad nos coloca en el disparadero de un mundo defensivo y fragmentado que lejos de animarnos a ofrecer la mejor versión de nosotros mismos nos relega a posturas proteccionistas, cimentadas en el miedo.
Como consecuencia de esta coyuntura, nuestro pensamiento crítico se subyuga ante un avance tecnológico masivo que genera “esferas” de opinión, interesadamente distanciadas con el fin de evitar el acuerdo, aunque sea de mínimos.
La polarización es patente, no creo que nadie niegue la realidad de su avance reciente. La simplificación y la hyperemocionalidad de los mensajes a fin de difundir “tips” de seguridad en un mundo amenazado de nuevo por el leviatán nuclear, creo que también.
Las democracias se resienten y se escoran hacia los extremos que se esfuerzan en utilizar en su provecho esta merma en la capacidad de informarse y de generar un criterio sólido.
Ante la deriva que este tiempo genera, creo que la auténtica revolución se encuentra en la importancia que los ciudadanos otorguemos a perseguir la verdad y en la defensa que estemos dispuestos a realizar sobre nuestro derecho a conocerla.
No podemos conformarnos con la comodidad de informarnos a golpe de “click”. No podemos permitir que nos arrebaten la capacidad atencional suficiente para leer un texto en profundidad, la flexibilidad para ser permeables a las opiniones con las que no estamos de acuerdo o la voluntad de conversar y ¿por qué no?, aprender de quien piensa diferente a nosotros. No podemos, porque en ello nos va algo tan nuclear en nuestras sociedades como es la convivencia.
Para cerrar, una frase de uno de los grandes poetas de nuestra historia reciente que bien podría servir como aliciente de unión ante semejante empresa: “¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.” (Antonio Machado).
Arturo Lecumberri Martínez psicólogo de la Clínica Universidad de Navarra