De jefes y soldados

Manuel Acosta Más

Publicado el 16/10/2025 a las 07:40

Oyendo a una amiga he creído importante no interrumpirle y escucharla hasta el final. - ¿Manuel por qué nadie nos ve? - Y le respondo mirándola a los ojos. La discapacidad “avergüenza”, los seres humanos que consideramos incompletos y algunos “monstruosos”, nos aterrorizan. No sabemos comportarnos frente a ellos, e históricamente siempre los hemos escondido. Y eso siempre tiene efectos negativos. Uno, que nadie os haga caso. Porque Dios con ellos nos muestra cuan rellena de algodón está nuestra alma que dice que esos seres -ya ni se refieren a ellos como humanos- son los últimos de los últimos. Y, por ende, los que los cuidan también. Por mucho que, en nuestra hipocresía para todo, tengamos un departamento de “bienestar social” que nos llena la boca de buenos propósitos que luego no se cumplen.

Fascinante cómo funciona todo. Saldremos mil veces a la calle por una siniestra guerra a miles de kilómetros, pero por los de aquí, esos que están tan cerca que nos tocan, que envejecemos con ellos, no. Y que hace cuarenta años se privatizara el servicio -alguno se asombrará, pero es así- No le importó a nadie, es más muchos, incluidos sus primeros gerentes, se alegraron. Cuarenta años después el rey del mambo se llama Grupo 5. Seguramente con un ideario de premio Nobel para arriba. Pero la realidad es que trabajadores y usuarios malviven bajo sus draconianas condiciones. Y sus trabajadores, como mi amiga, sienten la soledad y la impotencia. Porque hubo en su momento una falta grande de generosidad. Y a día de hoy, cada empresa que ha venido ha hecho el tiempo menos poético.

Y es terrible, pero cuando me dicen por qué, solo me resta decir que: extravíate en una enfermedad, cáncer, o ELA, por un decir, piérdete por los pasillos de la salud mental, o ten una parálisis cerebral, o nace con una profunda, muy profunda necesidad de cariño como son los discapacitados expuestos en este artículo, que no importáis a nadie de tal forma que, por muchos, no hay ni funeral. Y esto es una realidad y ahora que venga el gobierno de turno, con su departamento de bienestar social y diga que esto no es así, porque ellos son garantes del orden mundial. Y a mí, me entra la risa, aunque realmente sea para llorar.

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