Percepción de los riesgos: asignatura olvidada en la sociedad moderna
Actualizado el 08/12/2025 a las 12:35
En la actualidad, nuestra sociedad presume de avances en ciencia, tecnología, deporte o arte. Somos capaces de reconocer y valorar la belleza, la excelencia deportiva, la música o la gastronomía. Todas estas capacidades responden a aprendizajes transmitidos desde la infancia y reforzados por el entorno educativo y cultural. Sin embargo, hay un ámbito esencial para la vida que ha quedado relegado al olvido: la percepción y evaluación de los riesgos.
En las sociedades antiguas, la capacidad de identificar peligros físicos, químicos, biológicos o sociales resultaba imprescindible para la supervivencia. En tribus y comunidades tradicionales, el aprendizaje de los riesgos formaba parte de la enseñanza cotidiana: saber cuándo protegerse, cómo prevenir un accidente o cómo actuar ante un peligro era tan vital como alimentarse.
Hoy, en cambio, la escuela, la familia, la universidad o los municipios apenas transmiten esta cultura preventiva. Se enseña a leer, calcular, competir, innovar o destacar, pero muy poco se hace para que los jóvenes aprendan a identificar, anticipar y evaluar los riesgos que afectan a su seguridad, a su salud o a su convivencia social.
El resultado es evidente: accidentes laborales, deportivos y domésticos, desastres naturales con graves consecuencias, conductas violentas y una sociedad cada vez más vulnerable ante amenazas previsibles. Todo ello podría reducirse con una adecuada formación en percepción del riesgo, que permita a las personas adoptar medidas de prevención y protección.
La crítica es clara: vivimos en una sociedad que forma ciudadanos para admirar y consumir, pero no para prevenir. La capacidad de evaluar un partido de fútbol o una obra artística es común; en cambio, la capacidad de reconocer un peligro y actuar en consecuencia es casi inexistente.
Es hora de reclamar un cambio. La percepción de los riesgos debe dejar de ser una competencia olvidada para convertirse en un pilar educativo y social. Solo así construiremos comunidades más seguras, resilientes y conscientes de que la prevención no es un lujo, sino una necesidad vital.