Prevención para la paz

Santiago Pangua Cerrillo

Publicado el 29/09/2025 a las 07:22

Vivimos en un tiempo paradójico. Nunca antes la humanidad había alcanzado semejantes avances técnicos y científicos, capaces de transformar la vida cotidiana en cuestión de años. Y, sin embargo, jamás habíamos estado tan expuestos a amenazas globales: un cambio climático que erosiona ecosistemas y pone en riesgo la salud de millones, unas desigualdades crecientes que fracturan la cohesión social, un deterioro político que debilita la confianza ciudadana y una proliferación de verdades a medias que disuelven la esperanza en una verdad que libere.

Ante este panorama, hablar de prevención parece insuficiente si la reducimos a protocolos, reglamentos o medidas técnicas. La verdadera prevención es algo más: es un modo de entender la vida y la convivencia, una ética que nos invita a anticiparnos al daño y a cultivar el cuidado mutuo.

Prevenir no significa únicamente evitar catástrofes o desgracias. Prevenir es construir las condiciones para que la vida florezca en paz. La prevención para la paz implica trabajar sobre las causas profundas de la violencia, de la injusticia y del deterioro ambiental. Implica reorientar la economía hacia el bien común, recuperar la política como servicio y no como trinchera, y educar en la solidaridad frente al individualismo.

En otras palabras, la paz se siembra cuando la prevención deja de ser un trámite y se convierte en cultura. Una cultura que nos hace responsables no solo de nuestra seguridad inmediata, sino también de la de las generaciones futuras. Porque no habrá paz verdadera mientras sigamos dejando que los incendios devoren bosques, que la desigualdad expulse a enteras comunidades del horizonte de la dignidad o que la mentira imponga su relato por encima de la verdad compartida.

Hoy, más que nunca, necesitamos comprender que prevenir es cuidar, y cuidar es el primer acto de paz. La paz no se firma, no se impone, no se improvisa. La paz se previene, día tras día, en la forma en que trabajamos, dialogamos, educamos y cuidamos de nuestra casa común. Solo cuando entendamos que prevención y paz son inseparables estaremos en condiciones de construir un futuro más humano, justo y esperanzador.

Santiago Pangua Cerrillo

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