Titulitis: ‘Una, dos y tres’

Javier M. Elizondo Osés

Publicado el 04/08/2025 a las 07:42

Ha llegado la nueva hornada de sobresaltos políticos, que, como el pan, parece hacerse día sí y día también. Menuda panzada llevamos de palomitas agrias frente al televisor. A todo lo concerniente a los primeros espadas y subalternos de la eterna corrida nacional de los sinvergüenzas (los de antes, los de ahora, y, no lo duden, los que vendrán, mientras a los toros -leyes- se les pueda capear su embestida), ahora toca descubrir que (y es otra forma de esquilmar nuestra paciencia) por ambos lados del espectro político tenemos cargos, de ambos géneros, que se han vestido con ínfulas de titulaciones profesionales que no han desarrollado realmente.

Creo que esta película ya la habíamos visto, pero, al parecer, estas entidades veladoras de nuestro bienestar no habían puesto pie en pared para demostrarnos, como vienen anunciándonos machaconamente, que no permiten actitudes negligentes que socaven las ganas de confiar de quienes, con sus votos, les permitimos auparse a los (para muchos de ellos y ellas) cómodos, y retribuidos, sillones de nuestras instituciones nacionales, autonómicas y locales. Retribuciones que, estoy seguro, ni en sus mejores sueños hubieran creído obtener.

Pero no entiendo la gran sorpresa de estos descubrimientos, cuando sabemos que una buena parte de esta gente alcanza puestos a través de saber ganarse la confianza correspondiente. Puestos que, en muchos casos (y hablo desde ministerios hasta donde quieran llegar ustedes en la escala descendente), debieran dirigirse con las competencias necesarias. Y cuando hablo de competencia no me refiero exclusivamente a titulación objetiva para ese menester, sino, también, a tener bagaje (aptitud, actitud y verdadero compromiso) para lograr los objetivos necesarios.

Lo remarco pues no solo en política, sino en cualquier otro ámbito que queramos observar (principalmente fuera de la actividad privada), podremos observar algunos titulados -de cualquier rango- acordes con sus puestos directivos, pero que desarrollan lo mínimo e, incluso, el mayor beneficio que le pueden dar a sus empresas es con su marcha.

En fin. No tenemos remedio. Termino diciendo que quien esté por encima de los 60 años es probable que pueda recordar la canción Una, dos y tres (1973), de Patxi Andión. Aquí les dejo algunas de sus estrofas, que vienen al pelo de lo que sigue estando de rabiosa (y cabreante) actualidad, mientras voy a prepararme más palomitas: “Le vendemos barato / Con el precio en inglés / Somos todo lo honrados / Que usted quiera creer [...] Se revenden conciencias / Recompramos la piel / Nos vendemos de cara / Le compramos a usted / Y si quiere dinero / Se lo damos también / Usted lo da primero / Y nosotros, después”.

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