Adériz, educar desde los pequeños detalles
Publicado el 13/07/2025 a las 07:21
Acaba de concluir el primer curso del colegio Adériz, y, aunque pueda parecer prematuro hacer balance, sin duda el resultado es claramente positivo. Es el momento de dar gracias a todos los que, con su esfuerzo, ilusión, compromiso y generosidad han conseguido que lo que parecía imposible hace tan solo algo más de un año, hoy sea una realidad.
Aunque para el próximo curso casi se duplicará el número de alumnos, es más valioso hablar del ambiente de confianza, colaboración y apoyo mutuo que se ha generado entre las familias en tan solo unos meses y que encaja de un modo natural con la idea original de los primeros colegios de inspiración familiar, hace ya más de sesenta años.
Y esto no sería posible sin un valor fundamental que intentamos vivir desde el principio: la solidaridad. El proyecto ha crecido con sencillez, evitando gastos innecesarios y centrando todos los esfuerzos en lo verdaderamente importante: cada persona, cada niño, cada familia.
El colegio dedica un alto porcentaje de gasto a ayudas, a familias que desean formar parte del proyecto -porque lo valoran, como modelo educativo y como extensión natural de la labor educativa de los padres-, pero que no pueden afrontar la totalidad del coste. Esta prioridad presupuestaria refleja bien la vocación de ser un colegio para las familias.
Sin embargo, lo que más contribuye a ese exitoso balance es la entrega y exigencia, de los profesores para sacar, académica y personalmente, lo mejor de cada alumno. No se ve, pero se palpa en los pasillos, en el patio, en las tutorías, en las conversaciones entre padres, en los pequeños gestos que construyen esta pequeña comunidad educativa.
Adériz nace inspirado en la visión educativa de san Josemaría Escrivá: formar personas libres, responsables y alegres, con capacidad de transformar el mundo desde lo cotidiano. Un colegio donde se busca la excelencia sin estridencias, donde la educación personalizada se vive como una forma concreta de querer a cada alumno y a su familia. Porque, como enseñaba san Josemaría, educar es también acompañar a cada persona para que descubra que, a través de los pequeños detalles de cada día, está llamada a hacer cosas grandes.
Álvaro Ruiz Zambrana, padre de alumnos del colegio Adériz