La sencillez de una chimenea

Bruno Arregui Soriano

Publicado el 12/05/2025 a las 07:28

El otro día leía reflexiones sobre lo asombroso que es que, en el mundo de la tecnología, la hiperconectividad y el dominio abrumante de las pantallas, el mundo entero estuviera mirando a una chimenea. A una chimenea antigua, sencilla y, por qué no decirlo, poco vistosa.

Millones de católicos en el mundo, y el planeta en general, estaban expectantes a la espera de conocer quién sería el nuevo Papa. Hasta que salió la fumata blanca y la plaza de San Pedro celebró por todo lo alto. Una chimenea, la espera de una señal y el júbilo de la buena nueva. Lo extraordinario de la sencillez.

Gente de todos lados ha polemizado sobre la elección del nuevo Pontífice. Se han puesto sobre la mesa cuestiones ideológicas y las posibles tendencias políticas de los cardenales. Ante una sociedad altamente polarizada y una sociedad basada en la inmediatez, qué buena noticia sería que el papado de León XIV se caracterizara por la sencillez. La sencillez del amor de Dios. La sencillez de querer y sentirte querido. Volver a sentir el asombro de un niño que se ilusiona viendo ese humo blanco y se emociona ante las cosas de la vida. Ante el regalo del día a día.

Ojalá León XIV se asombre cada día al salir a ver a los fieles como lo ha hecho hoy. Ojalá lo sepa transmitir por todo el mundo.

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