Lo “histórico” no se destruye

Mª Victoria Jaso Vidán

Publicado el 11/02/2025 a las 07:26

A vueltas con el monumento de los Caídos escribe muy acertadamente Alberto Comas, profesor de Historia, en el periódico del día 29, “¿sería igual el estudio del nacismo sin las pruebas visibles de las construcciones…?”. Por ello dice: “la obra debe ser tratada como una herramienta fundamental en el proceso de enseñanza- aprendizaje frente al olvido y la ignorancia”, “Hay que recordar para aprender, pero con fuentes”. Ahora tenemos muy reciente el aniversario de Auschwitz y cómo han acudido gobernantes para testimoniar el horror del Holocausto, pero para eso tienen que estar las edificaciones, los hornos, las fotos, uniformes, objetos personales, etc... como recuerdo físico de aquello. Si lo hubieran destruido, ahora no habría un testimonio real de lo que sucedió.

En una nación como la nuestra por la que han pasado numerosos pueblos invasores, conquistadores, usurpadores, dominantes, etc... y también de alguna manera colonizadores, nos enseñaron su cultura, tradiciones, escritura, lengua… dejaron aquí su legado y así tenemos recuerdos celtas, fenicios, griegos, visigodos, romanos, árabes que ahora pueblan nuestra geografía y nos invitan a visitarlos como legado turístico.

Por muy en contra que estuviéramos con los pueblos que nos dominaron, no podemos dedicarnos a destruir y demoler lo que dejaron. Recordemos la Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada, el acueducto de Segovia, los restos de Numancia, los castros de Galicia, las ruinas de Ampurias, el anfiteatro de Tarragona, el conjunto de Itálica en Sevilla, y tantos y tantos recuerdos que tenemos, sabiendo que todos ellos son de pueblos que nos doblegaron, dominaron y ejecutaron a los pobladores.

Viene a mi memoria cuando los talibanes en 2001 demolieron con dinamita las estatuas de los Budas. ¿Quién las puede reconstruir? ¿Con qué argumento han privado de ellas a la posteridad? No se puede imponer la ideología de unos, en detrimento de otros. El patrimonio nos enseña de dónde venimos, lo que fuimos, a entender el presente. El principal objetivo de conocer nuestro Patrimonio es conservarlo, que perdure para futuras generaciones es vital para toda civilización. Si no estamos de acuerdo con su nombre, pongámosle otro, pero no destruyamos una construcción hecha en 1942 por José Yárnoz y Víctor Eusa y a la que se le pueden dar múltiples usos. El relato es necesario para una memoria justa y de convivencia. No caigamos en el error de la destrucción como se hace en las guerras, seamos civilizados y reutilicemos el monumento como nos enseñan las 3R: Reducir (escombros), Reutilizar (démosle una segunda vida) y Reciclar (convertirlo en algo nuevo). Defendamos nuestro patrimonio.

La plaza que tiene delante se llama de la libertad, pues ese mismo nombre estaría muy bien para ese monumento. Nuestros jóvenes, que no vivieron la dictadura, el nuevo nombre lo asumirán con gusto y los mayores también lo aceptaremos, porque la palabra libertad a todos nos suena bien.

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