Los Caídos, ¿y ahora qué?
Publicado el 29/01/2025 a las 08:50
Ya prácticamente desde sus inicios, el llamado Monumento a los Caídos estuvo envuelto en la polémica por su significación. Hoy, a casi 83 años de su construcción, seguimos sin saber qué hacer con un edificio que quiso ser emblemático en Pamplona y que realmente se ha convertido en el edificio fantasma de nuestra Comunidad Foral. Porque los Caídos no es sólo de Pamplona, aunque su propietario sea el ayuntamiento, es de toda Navarra. De hecho, su nombre oficial es “Navarra a sus muertos en la Cruzada”. El 2 de febrero de 2019, en las páginas de este diario se publicaban los siete proyectos seleccionados para la modificación del edificio y de su entorno. Hoy, casi seis años después, seguimos hablando de mantener, resignificar o demoler.
Un edificio que se construyó, como su nombre indica, para homenajear a los muertos bajo la bandera de los golpistas de 1936. Y así, entre sus muros, junto con los generales Sanjurjo y Mola, figurarían, a modo de guardia de honor, 36 voluntarios navarros fallecidos en acciones de guerra. Se honraba a unos pero, al hacerlo, se ignoraba y silenciaba a otros, también navarros, que sufrieron la muerte, la represión y la injusticia del vencedor. Por ello nos encontramos ante un monumento en verdad controvertido, un patrimonio indeseado por muchos.
Entonces, ¿qué hacemos ahora? Este año se cumplirán 50 años de la muerte de Franco. La democracia ya está asentada. Ha llegado el momento de asumir el pasado con todas sus consecuencias. Y para su estudio no solo necesitamos libros de texto y memoria. Necesitamos pruebas tangibles. ¿Alguien se imagina estudiar Biología sin acudir a un laboratorio de ciencias? ¿Sería igual el estudio del nazismo sin las pruebas visibles de las construcciones de Albert Speer o de las películas de Leni Riefenstahl? Los Caídos no es solo arquitectura, escultura o pintura. Es también epigrafía, inscripciones que sus arquitectos, Eusa (miembro de la Junta Central Carlista durante la guerra, por cierto) y Yárnoz, consideraron imprescindibles para la comprensión del monumento. Es, por tanto, un ejemplo del arte al servicio de la propaganda política. Un símbolo de la ideología de una dictadura que pervivió durante casi 40 años. Por ello, y desde mi punto de vista, la obra debe ser tratada como un recurso didáctico básico, una herramienta fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje frente al olvido y la ignorancia. Una muestra de qué fue el franquismo y de su relación con los poderes político, económico, administrativo y religioso en la Navarra del siglo XX. Recordar para aprender. Pero con fuentes.
Por todo esto, en mi opinión, el edificio debería mantenerse como Centro de interpretación de la Memoria histórica y con un nombre consensuado por todas las fuerzas políticas. Serviría para entender mejor nuestro pasado reciente y, al mismo tiempo, restituir la memoria a las víctimas. Julián Casanova decía ya en 2010 con motivo de los 35 años de la muerte de Franco que “no puede dejarse de lado, abandonar o destruir, la memoria de los vencedores. Sus lugares de memoria son la mejor prueba del peso real que la unión entre la religión y el patriotismo tuvo en la dictadura”. Es el mejor homenaje que se puede hacer a sus víctimas. A todas las víctimas.
Alberto Comas, Profesor de Historia jubilado