La solidaridad de los políticos
Publicado el 09/11/2024 a las 08:17
Ante el descalabro de buena parte de la Comunidad Valenciana por la Dana que ha asolado una de las comunidades con mayor peso en la economía española se imponen reflexiones más profundas que una crítica a la actuación de las administraciones nacional y autonómica para paliar el desastre. En primer lugar no solo se trata de arreglar viviendas, infraestructuras, indemnizar a quienes han perdido patrimonio y modo de vida -aunque esto sea lo primero que hay que acometer-. Posteriormente se trata de recomponer una economía destrozada que además tiene consecuencias en todo el país. Pero si hacemos caso a los expertos en temas de catástrofes climáticas, este hecho no va a ser aislado y desgraciadamente se va a repetir en un plazo más corto del que se pudiera esperar. Estos mismos expertos auguran fenómenos parecidos por lo que requieren la colaboración de geólogos, arquitectos, urbanistas, ingenieros de caminos, canales y puertos, economistas y actuarios... En resumen, de técnicos que realicen una labor de protección a futuro de las zonas sensibles a desastres, especialmente en la zona de la costa mediterránea. Podemos tomar como referencia Japón cuya capacidad de seguridad ante todos los fenómenos que les han acaecido es ejemplar. Por ello, la respuesta del país debe ser unánime pero la realidad política no promete algo sensato por parte del arco parlamentario, ya que siguen aprovechando esta desolación para intentar sacar rédito político. Una propuesta de un gobierno provisional de emergencia entre los dos grandes partidos, con un plan a medio plazo de reconstrucción, regeneración económica y revisión de riesgos por posibles catástrofes provocadas por el asentamiento en zonas con riesgo sería necesario. La solidaridad se demuestra renunciando a nuestro bienestar para ayudar y solucionar esta gran crisis, por de pronto los presupuestos se aprobarían sin ningún problema y sin ningún peaje y de una vez servirían al Estado, que es para lo que les hemos elegido. De no ser así, cuando se repita algo parecido, volverán a fallar los políticos mientras que todos los estamentos - población, nunca mejor dicho- baja al barro (esta expresión conlleva una actitud de disposición y compromiso para realizar el trabajo necesario, sin importar lo difícil o incómodo que pueda resultar. En el mundo laboral, bajarse al barro se asocia a menudo con las tareas más arduas, que pueden ser físicas o mentales.