Los jóvenes y la Pau

Juan Frommknecht Lizarraga 

Publicado el 17/10/2024 a las 07:40

La existencia de exámenes al acabar la enseñanza no obligatoria, y en concreto el bachiller, es un hecho que ha existido desde hace años, con distintas fórmulas y distintos nombres. Pero hay una cosa que no ha cambiado: a una edad tan temprana como los 17 ó 18 años, los y las jóvenes se juegan una parte importante de su futuro en unos exámenes que duran dos días y de cuya calificación dependerá en gran medida la posibilidad de acceder a la formación deseada.

Los que hemos tenido hijos que ya han pasado por ese trance, sabemos que el año de esos exámenes, llamados hasta ahora EVAU, generan una gran ansiedad en los alumnos y alumnas, que se ven sumamente presionados por obtener las mejores calificaciones durante el curso y lograr una buena nota en esa prueba. Hasta ahí nada nuevo. Lo novedoso ha llegado este año, y no solo con el cambio de nombre, (ahora se llamará PAU) sino con la absoluta incertidumbre con la que docentes y alumnos se enfrentan a la nueva prueba. Estamos ya a mediados de noviembre y nadie sabe ni cómo va a ser, ni cómo se va a preparar, añadiendo aún si cabe más angustia, absolutamente innecesaria, a los atribulados alumnos, que sienten, no sin razón, estar jugándose su futuro con mayor incertidumbre y en inferioridad de condiciones respecto a alumnos de cursos anteriores.

Los docentes, al no saber cómo van a ser las pruebas, tampoco saben la mejor forma de prepararlas, y, como hemos dicho, las hojas del calendario, implacables, avanzan hacia noviembre y hacia una primera evaluación de tres posibles. Ya se va tarde. Pero al menos, quien tenga que tomar la decisión, debiera tomarla de una santa vez, valorar seriamente hacer los experimentos con gaseosa y no con nuestros hijos, y facilitar en lo posible la claridad ante una prueba hoy todavía oscura, y la seguridad a unos aspirantes a superarla inseguros.

Los alumnos y docentes tienen toda la razón, que no sea esta generación, nacida mayoritariamente en el año 2008, los conejillos de indias de un experimento que ni tan siquiera se ha indicado en qué consiste, pero que de forma tan importante puede afectar a su futuro. Ánimo jóvenes. La razón os asiste.

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