Sarasate
Publicado el 22/09/2024 a las 08:35
Veo que hay quien insiste en querer llamar al paseo de Sarasate de Pamplona “paseo de los Reyes de Navarra”. Al respecto, pienso ante todo que cambiarle el nombre a una vía pública debería ser algo extraordinario y hacerse sólo por motivos excepcionales. Un cambio de nombre es irritante para todos, pero más para los directamente afectados, que han de sustituir tarjetas de visita, folletos de propaganda y cuanto tenga grabada la dirección anterior, actualizar DNI y permiso de conducir y comunicar el cambio a todo el mundo, si no quieren arriesgarse a que Correos devuelva su correspondencia, como ya le ocurrió al abajo firmante en tales circunstancias.
Por otra parte, opino que premios y honores cumplen mejor su función otorgándolos a una persona que haciéndolo a un colectivo. Conceder el Príncipe de Viana o la medalla de oro de Navarra a Rafael Moneo y a Pablo Hermoso de Mendoza parece mejor que hacerlo al Orfeón, aunque celebre su centenario, o al conglomerado CEN-UGT-CCOO. También es más entrañable que Juan Carlos Unzué tire el chupinazo que si lo hace La Pamplonesa. A los colectivos se les premia con acuerdos corporativos de felicitación, placas conmemorativas y banquetes de confraternización. Pero las referidas distinciones deberían reservarse para reconocer y ensalzar el esfuerzo y el mérito personal.
Desde esta perspectiva, ignoro qué méritos quieran destacarse del colectivo de “los reyes de Navarra”, porque entre ellos hubo de todo. ¿O se quiere nombrar así al paseo por alojar (al menos de momento) a seis estatuas de reyes que, diseñadas para el Palacio Real de Madrid, no llegaron ni a ocupar sus pedestales? Porque, si las estatuas dieran nombre a los espacios, la avenida de Roncesvalles debería llamarse hoy ‘del Encierro’ y la plaza de la Libertad, ‘del Coreano’. En cualquier caso, si se dedicara un espacio público a tales reyes, ¿por qué debería hacerse a costa precisamente de Sarasate? ¿Se sabe bien quién fue Sarasate y qué fueron Pamplona para él y él para Pamplona? En varias encuestas sobre pamploneses afamados, encabeza la correspondiente lista él que, si en vida tuvo el reconocimiento de toda Europa y de América, actualmente, y en ambientes cultos, sigue siendo una figura de renombre universal.
Pero es que siendo el pamplonés probablemente más célebre de la historia, resulta admirable el idilio que Pamplona y él mantuvieron siempre, aun habiendo coincidido tan escasamente. Nacido en 1844, de padres navarros, vivió aquí sólo dos años, hasta que su progenitor, músico militar, fue trasladado a Valladolid. Sarasate no volvió a pisar Pamplona hasta los once años y, aun entonces, sólo lo hizo acompañado de su madre y de paso hacia París. A los quince comenzó ya a dar conciertos, pese a lo cual siguió relacionándose con su ciudad natal. Tanto que desde 1878 prácticamente asistió todos los años a los Sanfermines, en los que sus conciertos matinales, anunciados en el cartel de fiestas, constituían uno de sus espectáculos más apreciados. Al llegar en tren, una multitud de pamploneses lo acompañaba en triunfo desde la estación hasta el hotel La Perla, desde uno de cuyos balcones dedicaba un recital a la expectante y rendida concurrencia. Entre 1878 y 1908, dio 93 conciertos que sufragó él íntegramente. En 1879 fundó la Orquesta Santa Cecilia, predecesora de la actual Sinfónica de Navarra. En 1900, el Ayuntamiento lo nombró Hijo Predilecto de Pamplona. Y murió en 1908 en “Villa Navarra”, su chalé de Biarritz, y quiso ser enterrado en su ciudad. La conducción del cadáver por tren, el recibimiento en Pamplona y las exequias fueron multitudinarios. Ahora yace en el mausoleo que el Ayuntamiento hizo construir y ante el que cada 1 de noviembre la corporación municipal deposita unas flores, mientras le brinda un homenaje musical. Actualmente, Pamplona le tiene dedicado el Conservatorio de Música, un monumento con su estatua en el parque de la Media Luna y el paseo principal de la ciudad, que lleva su nombre desde 1903. No creo que nada de eso sea demasiado para honrar su memoria.