Valientes en Tafalla
Publicado el 27/08/2024 a las 07:28
Han pasado unos cuantos días desde que, el sábado 17 de agosto, Tafalla viviera un tsunami taurino: un encierro histórico con reses de Reta de Casta Navarra por la mañana y la corrida de la tarde con estos mismos animales: una encerrona de seis toros para un solo espada, el maestro Sánchez Vara. Daba gusto sentir el ambientazo de calles y terrazas en las horas previas al festejo, con el toro y la tauromaquia como uno de los ejes centrales de las muchas fiestas patronales de nuestro país.
Si valientes fueron los mozos que corrieron el encierro, más lo fueron los que se enfrentaron a ellos por la tarde, el espada y sus ayudas los banderilleros, junto con los dos sobresalientes. Otra persona que tiene un valor acreditado es el ganadero Miguel Reta -y su familia- por seguir con un proyecto, que empezó hace más de 25 años, para intentar conseguir que toros parecidos a los que se lidiaban a finales del siglo XIX se adecuen a una lidia como la actual, pues el conocimiento técnico y científico, el trabajo, la inversión económica y la paciencia que se necesitan son enormes, con el agravante de que el éxito no está garantizado porque continuamente aparecen nuevos retos en este camino tan arduo por recorrer.
Hasta el momento, Reta ha lidiado cuatro corridas de toros: la neolítica de Céret (Francia, 2021), Estella (2022), San Agustín de Guadalix (Madrid, 2023) y Tafalla. En todas ellas han aparecido destellos de mejora, de progreso. Los tendidos estaban a rebosar, el ambiente espectacular, con aficionados venidos de Madrid, Levante, País Vasco, Aragón, Francia etc. y, por supuesto, navarros; hasta el clero estuvo bien representado.
Los toros tuvieron estampas antiguas muy bonitas y salidas al ruedo interesantes, cumplieron con los capotes y se jalearon bellas verónicas. Varios de ellos plantaron cara a los caballos y empujaron mientras sintieron el hierro arriba, síntoma de bravura. Hubo varios pares de banderillas de gran belleza y mérito, los banderilleros se vieron obligados a saludar desmonterados. A la muleta, sin embargo, llegaron pregonaos y difíciles, el torero sufrió mucho con ellos, poniendo en evidencia que estas corridas de Casta Navarra no son para un único espada, pues la tensión y el esfuerzo, además del peligro, son muy grandes. No obstante, salió un toro muy interesante, el tercero, que se fue al desolladero con las orejas puestas, después de una faena ajustada y brillante. La suerte suprema se convirtió en un verdadero calvario para el matador durante toda la tarde.
La corrida se pasó como un suspiro, tuvo mucho interés y nadie se aburrió porque hubo emoción en el ruedo; ya sabemos que “en los toros, el arte sin emoción no es arte”. Estos toros poco tienen que ver con el toro moderno y comercial de hoy en día. Ambos tipos de toros tendrían que tener cabida en la tauromaquia actual, aunque es muy complicado encontrar toreros que se enfrenten al encaste de Casta Navarra con solvencia.
Los tafalleses y sus fiestas patronales, con el ayuntamiento a la cabeza, tienen que estar satisfechos porque los toros de Casta Navarra -no olvidemos que esta es una de las siete castas fundacionales de la cabaña brava- propiciaron una jornada histórica muy exitosa, que ha ayudado a la economía de la ciudad y la ha puesto en el mapa taurino universal.